Ejemplos ?
13 Cenarás bien, mi Fabulo, cabe mí, en pocos –si a ti los dioses te favorecen– días, si contigo trajeras una buena y magna cena, no sin una cándida chica, y vino y sal y todas las carcajadas.
La vida cocinera no nos necesita; ella es Dios y nosotros sus peleles, aunque sean reyes, presidentes o doctores; sólo son personajes de la cena donde todo se sirve y nada queda; donde cumplen su función de corifeos, y al final son engullidos… hechos mierda.
Y le dijo: -Buenas noches, gatito montés. Voy a sacarte los ojitos para tener una muy buena cena. Así sin querer, evitaré que te comas a algún tonto guajolote y yo tendré con qué alimentarme.
59 La bononiense Rufa a Rúfulo chupa, la mujer de Menenio, la que a menudo en los sepulcretos visteis de la propia pira arrebatar la cena, cuando, el devuelto pan del fuego persiguiendo, por el medio afeitado incinerador era golpeada.
El mísero laúd antojábasele al muchacho un navío almirante, un buque encantado, navegando por el mar de la abundancia. La cena de aquella noche era la primera cena seria que había hecho en su vida.
Y el beso familiar a medianoche: «La bendición, mi madre» «Que el Señor la proteja...» Y después, en el claro comedor, la familia congregada para la cena, con dos amigos íntimos, y tú, madre, a mi lado, y mi padre, algo triste, presidiendo la mesa.
Justamente en el cerro de al lado me han dicho que existe un enorme corral. -Entonces vamos por ahí juntos, luego nos separaremos y cada quien irá a buscar su cena.
A la derecha un símbolo de los Autos Sacramentales en una alegoría que remata con la cruz, y sembrada de palmas, en cuyas hojas se leerán los títulos de los mejores Autos. La nave del mercader. La divina Filotea. La cena de Baltasar. Las espigas de Ruth. El laberinto del mundo.
arte de noche, y no por cierto breve, huésped y visita el cuento lleva; acuerdan que, pues fue tesón no leve, io el rey de amor y de piedad gran prueba. echa la cena, cada cual se mueve donde bueno y grato albergue prueba.
Por ello, en vez de pasar la velada fuera de casa, como me lo habia propuesto, se me ocurrio que lo ,más sensato seria tomarme un bocado e irme inmediatamente a la cama. Hablo, claro esta, de una cena liviana.
Por tales razones me río de aquellos que desdeñan cenar con su esclavo, y no por otra cosa que por la orgullosísima costumbre que ha querido que el señor, mientras cena, aparezca rodeado de un grupo de esclavos en pie.
También el Ogro dentro se dirige, mas antes tras de sí cierra la losa. A todos huele y dos al fin elige, pues los juzga por cena apetitosa.