celador

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celador, a

1. adj. Que cela o vigila.
2. s. OFICIOS Y PROFESIONES Persona que se encarga de la vigilancia de un lugar público aunque ya era tarde, el celador del hospital nos dejó pasar.

celador, -ra

 
adj. Que cela o vigila.
m. f. Persona destinada por la autoridad para ejercer vigilancia.

celador, -ra

(θela'ðoɾ, -ɾa)
sustantivo masculino-femenino
vigilante del orden en un lugar público el celador del sanatorio
Sinónimos

celador

, celadora
sustantivo
Traducciones

celador

zelatore

celador

SM/F (= vigilante) [de edificio] → guard; [de cárcel] → warder, guard (EEUU); [de centro escolar] → porter; [de museo] → attendant, warder; [de hospital] → hospital porter; [de aparcamiento] → parking attendant
Ejemplos ?
Sin embargo, di a entender a dos o tres celadores del orden (que por cierto me contemplaron con sorpresa sin dar del todo crédito a mis palabras) que recompensaría generosamente su celo si encontraban la pista de los dos individuos cuyas señas personales procuré darles con la mayor exactitud posible.
Ir hasta el pueblo, efectuar la compra y luego volverse sin despertar las sospechas de los celadores, que como Argos con cien ojos vigilaban las idas y venidas de las gentes.
Cuando el dependiente y los celadores hubieron salido, el jefe contempló un instante la ruin y miserable figura de la anciana encogida y hecha un ovillo en el asiento y luego tomando un aspecto imponente adelantó algunos pasos y con voz severa la increpó: -Si no fuera usted una pobre vieja ahora mismo la hacía desocupar el cuarto, arrojándola a la calle.
A los tenientes gobernadores corresponde el nombramiento de los jueces diputados de su partido, y observarán escrupulosamente la conducta de éstos y sus celadores, a fin de hacerlos cumplir con sus deberes, y que no sean oprimidos los pobres, cuya indigencia exige con preferencia la protección de los gobiernos.
Mayo 6 Puestos en consideración los nombramientos hechos por la Municipalidad de Machala de celadores de los sitios la Federación y la Zanja, se les tachó de ilegales por suponerse que las aludidas secciones pertenecen a la jurisdicción del Pasaje, según la línea divisoria trazada por Decreto Legislativo de 12 de Octubre de 1899.
Y quién te dice, lector, que las ánimas benditas no fueron sordas al reclamo, como sucede hogaño con el piteo de los celadores, y en un cerrar y abrir de ojos se coló un regimiento de ellas por las rendijas de la puerta; con lo cual se apoderó tal espanto de esos tunos, que tomaron el tole, dejando un talego con dos mil pesos de a ocho, que sirvió de gran alivio a las tres mujeres.
El negro se envalentonó con esto, y calculando que si obtenía igual provecho por cada insolencia que tuviera con las personas decentes en breve sería dueño de un caudal, redobló su atrevimiento y desacato con los transeúntes, hasta que se encontró con uno de la cáscara amarga, el cual le aplicó tanta leña que lo hizo pedir pita, regándole los clientes por el suelo como cuentas de rosario. Acudieron los celadores, llevándose al negro al hospital con la cabeza rota, un brazo desencuadernado y dos costillas hundidas.
—y conducido por los celadores el acusado salió, fue llevado hasta unas oficinas y allí, después de los trámites reglamentarios lo declararon libre de cargos.
De aquí se podrá inferir lo que multiplicarán las déstos, que, sin comparación, son en mayor número.» CIPIÓN.—Buscado se ha remedio para todos los daños que has apuntado y bosquejado en sombra: que bien sé que son más y mayores los que callas que los que cuentas, y hasta ahora no se ha dado con el que conviene; pero celadores prudentísimos tiene nuestra república que, considerando que España cría y tiene en su seno tantas víboras como moriscos, ayudados de Dios, hallarán a tanto daño cierta, presta y segura salida.
Queda a la discreción del ministro general señalar a los receptores de los puertos (donde el tráfico fuese excesivo) uno o dos celadores de rentas.
En la casa vivían un matrimonio y un niño de seis años. El marido, alto, cetrino, enjuto, de negros y celadores ojos, contaría veinticinco años; veinte la mujer.
Así van al combate Amistres y Artafrenes, Megabates y Astaspes, capitanes de los persas, reyes vasallos del Gran Rey, celadores de un inmenso ejército, y con ellos, los temibles ar­queros y los caballeros formidables de contemplar, terribles en el combate por la valerosa decisión de su espíritu.