Ejemplos ?
1 2 3 = A la mañana después de aquella noche, Zaratustra se levantó de su lecho, se ciñó los riñones «Ceñirse los riñones» es expresión bíblica.
independientes, onde entre cosas, se establecerá un conjunto de criterios () similar al de la al que deberán ceñirse todos los medios de información que tengan o publicación en territorio nacional, ya sean públicos o privados.
Lilit ponía orejas de mercader a las voces de don Dimas, y trataba ya, por vía de amonestación, de zabullirlo en un caldero de plomo hirviendo, cuando alborotado el Cocyto y apercibido Satanás del laberinto y causas que lo motivaban, convino en que se pusiese la cosa en tela de juicio. ¡Para ceñirse a la ley y huir de lo que huele a arbitrariedad y despotismo, el demonio!
1981.- El socio administrador debe ceñirse a los términos de su mandato; y en lo que éste callare, se entenderá que no le es permitido contraer, a nombre de la sociedad, otras obligaciones, ni hacer otras adquisiciones o enajenaciones, que las comprendidas en el giro ordinario de ella.
El Historiador, sin ceñirse precisamente á la expedición de Acuña, empieza su narración desde la primera llegada de los Europeos al Archipiélago Asiático; cuenta su establecimiento, sus violencias, sus variaciones; describe el luxo, la riqueza y costumbres voluptuosas de aquellos Isleños; los ojos codiciosos con que las Naciones de Europa miraban las gratas producciones de su rico pais, las diversas tentativas mas ó menos afortunadas que contra él se proyectáron; los viages de Sarmiento y de Drack por el mar del Sur, incluyendo también ciertos episodios, que el gusto de aquel tiempo aplaudía, y aun ahora se leen con placer: todo pintado con destreza, y animado de un colorido que maravilla y suspende.
La Reina suspiró alzando la frente que parecía de una blancura lunar bajo las dos crenchas en que partía sus cabellos: —Bradomín, es preciso que vosotros los leales salvéis al Rey. Yo repuse conmovido: —Señora, dispuesto estoy a dar toda mi sangre, porque pueda ceñirse la corona.
Se establecerá un conjunto de criterios (código deontológico) similar al de la BBC al que deberán ceñirse todos los medios de información que tengan concesiones de publicación o emisión en territorio nacional, sean públicos o privados.
También al conferirse un grado de doctor, los amigos del agraciado lo festejaban con vítores, y aun con corrida de toros. Época hubo, y no remota, en que al aspirante á doctorado le costaba un ojo de la cara la satisfacción de ceñirse el capelo.
¡Son los hombres ahora como ciertas damiselas, que se prendan de las virtudes cuando las ven encomiadas por los demás, o sublimadas en sonante prosa o en alados versos, mas luego que se han abrazado a la virtud, que tiene forma de cruz, la echan de sí con espanto, como si fuera mortaja roedora que les comiera las rosas de las mejillas, y el gozo de los besos, y ese collar de mariposas de colores que gustan de ceñirse al cuello las mujeres!
Y la novia -que harto sacrificio había realizado al prescindir de su libertad de mujer independiente casándose con un hombre prosaico y opulento- andaba un poco distraída, y en el puente del buque, de noche, gustaba de aislarse, de contemplar a solas las estrellas sobre el cielo turquí del Mediodía, y rechazaba el brazo conyugal, afanoso de ceñirse a su talle.
Son condiciones esenciales de toda traducción fiel en verso —por lo que respecta al proceder mecánico— tomar por base de la estructura el corte de la estrofa en que la obra está tallada; ceñirse a la misma cantidad de versos, y encerrar dentro de sus líneas precisas las imágenes con todo su relieve, con claridad las ideas, y con toda su gracia prístina los conceptos; adoptar un metro idéntico o análogo por el número y acentuación, como cuando el instrumento acompaña la voz humana en su medida, y no omitir la inclusión de todas las palabras esenciales que imprimen su sello al texto, y que son, en los idiomas, lo que los equivalentes en química y geometría.
Las manos flacuchas y los dedos tembladores de la vieja desataron con cuidadoso primor el pañuelo que hubo de ceñirse Curro al sentirse herido, descosió, valiéndose de las tijeras, la manga del marsellés y la de la camisa, las dos tintas en sangre, y -Menos mal que la bala salió por la puerta falsa -exclamó la vieja fijando sus ojillos grises en el antebrazo de Curro.