cayado


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cayado

(Del bajo lat. caja, porra < *cajatus < baculus cajatus.)
1. s. m. Palo o bastón arqueado en el extremo superior. cachava
2. RELIGIÓN Báculo pastoral de los obispos.
3. ANATOMÍA Estructura anatómica con forma parecida a la de este bastón el cayado de la aorta.

cayado

 
m. Palo o bastón corvo por la parte superior.
anat. cayado de la aorta Curva de la arteria aorta después de su salida del ventrículo izquierdo.

cayado

(ka'ʝaðo)
sustantivo masculino
1. vara curva en la parte superior cayado de pastor
2. religión bastón que utilizan los obispos cayado de obispo
Sinónimos

cayado

sustantivo masculino
2 báculo*, palo*.
Traducciones

cayado

vycházková hůl

cayado

spadserestok

cayado

kävelykeppi

cayado

canne

cayado

štap za hodanje

cayado

ステッキ

cayado

지팡이

cayado

laska

cayado

bengala

cayado

promenadkäpp

cayado

ไม้เท้า

cayado

baston

cayado

gậy chống

cayado

手杖

cayado

SM
1. (Agr) → crook
2. (Rel) → crozier
Ejemplos ?
Un monte era de miembros eminente Este que -de Neptuno hijo fiero- De un ojo ilustra el orbe de su frente, Émulo casi del mayor lucero; Cíclope a quien el pino más valiente Bastón le obedecía tan ligero, Y al grave peso junco tan delgado, Que un día era bastón y otro cayado.
XVII ¿Quien es ese peregrino que se apoya en un grosero cayado de abedul y que en la sola compañía de una mujer hermosa, pero humildemente ataviada, sale por una de las puertas del Kattak al mismo tiempo que la luna se desvanece ante los rayos del astro del día?
Pues, ¿quién puede decir de qué extraña manera Cristo saca a la luz Su voluntad desde que el cayado estéril que portó el peregrino floreciera a la vista del gran Papa?
A trechos me paraba para enjugar mi frente y dar algún respiro al pecho jadeante; o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia delante y hacia la mano diestra vencido y apoyado en un bastón, a guisa de pastoril cayado, trepaba por los cerros que habitan las rapaces aves de altura, hollando las hierbas montaraces de fuerte olor -romero, tomillo, salvia, espliego—.
Su estandarte agitaban encenizados vientos que en sí llevan del mar la divina hinchazón, y en torno a ellos abrían grandes surcos sangrientos. Retaban al Infierno, la frente ante el ciclón, y viajaban sin pan, sin cayado y sin urnas, chupando del amargo Ideal el limón.
Del pastoreo proceden el hombre de presa, el guerrero a sueldo, el sacerdote de todos los tiempos, que convierten el cayado en signo de autoridad.
Vengan, padre común de los vivientes, los veranos ardientes; venga el invierno frío, y danos por albergue el bosque umbrío, dejándonos vivir independientes, donde jamás oigamos la zampoña aborrecida, que nos da la roña, ni veamos armado del maldito cayado al hombre destructor que nos maltrata, y nos trasquila, y ciento a ciento mata.
BERGANZA.—«Digo que todos los pensamientos que he dicho, y muchos más, me causaron ver los diferentes tratos y ejercicios que mis pastores, y todos los demás de aquella marina, tenían de aquellos que había oído leer que tenían los pastores de los libros; porque si los míos cantaban, no eran canciones acordadas y bien compuestas, sino un "Cata el lobo dó va, Juanica" y otras cosas semejantes; y esto no al son de chirumbelas, rabeles o gaitas, sino al que hacía el dar un cayado con otro o al de algunas tejuelas puestas entre los dedos; y no con voces delicadas, sonoras y admirables, sino con voces roncas, que, solas o juntas, parecía, no que cantaban, sino que gritaban o gruñían.
Estaba sentada en una silla de paja, y en la mano derecha tenía, en vez de cayado, una enorme tranca; la mano izquierda acariciaba en aquel momento una barba de macho cabrío que descendía por las turgencias hirsutas que revelaban de manera indudable la autenticidad del sexo.
El labriego meneó la cabeza, adelantó el labio inferior, se encogió levemente de hombros, apretó el cayado del paraguazo, y al fin soltó con énfasis: -¿Y qué quiere, señora?
Yo mismo he prestado alguna atención, durante la semana pasada, al arte de fabricar pan; y mi hijo Wilkins se ha dedicado a conducir, con un cayado, el ganado, cuando se lo permiten los zafios que lo cuidan.
A un rabadán encuentra, Y le pregunta alegre: «Dime, ¿es de Melibeo Ese ganado?» «Miente, Que es mío; y sobre todo, Sea de quien se fuere.» No respondió el buen hombre Muy poéticamente. El joven, temeroso De que tal vez le diese Con el fiero garrote Que por cayado tiene, Sin chistar más palabra, Huyó bonitamente.