caserío

(redireccionado de caseríos)
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caserío

1. s. m. AGRICULTURA Casa aislada con edificios anejos de labranza y fincas rústicas pasaron las vacaciones en un caserío vasco.
2. Grupo de casas en el campo que no llega a formar un pueblo. casar
NOTA: También se escribe: casería

caserío

 
m. Conjunto de casas.
Casería (casa).

caserío

(kase'ɾio)
sustantivo masculino
conjunto de viviendas más reducido que un poblado el caserío de la periferia
Sinónimos

caserío

sustantivo masculino
Traducciones

caserío

Weiler

caserío

hamlet

caserío

hameau

caserío

gehucht

caserío

Гамлет

caserío

Hamlet

caserío

هاملت

caserío

Hamlet

caserío

Махала

caserío

Hamlet

caserío

המלט

caserío

햄릿

caserío

Hamlet

caserío

SMcountry house
Ejemplos ?
El Plata creciendo embravecido empujó esas aguas que venían buscando su cauce y las hizo correr hinchadas por sobre campos, terraplenes, arboledas, caseríos, y extenderse como un lago inmenso por todas las bajas tierras.
La luna inundábalo todo con su luz serena y pálida; apenas algún que otro lucero brillaba en el tranquilo horizonte en que resbalaban lentamente algunas nubes; dormía todo inmóvil y silencioso en el monte; el lagar de los «Mimbrales» fulgía como de marfil y como engarzado entre las flotantes ramas de dos copudísimos algarrobos; los olivos y los almendros manchaban las empinadas laderas con sus tonos oscuros, y con sus claros verdores las apiñadas chumberas, que circuían el bien encalado edificio; la solemne quietud no era turbada más que de tarde en tarde por el ladrido de los perros, leales y avisados guardadores de los cercanos caseríos.
Vengan con nosotros y esparcien sus miradas por la radiante perspectiva que embellecen los viñedos en los declives de la montaña, el verdinegro olivar entre cuyas ramas deja oír la tórtola solitaria su ronco arrullo; el áureo rastrojo, en que el ganado sestea; los blancos caseríos y las eras limpísimas, donde llegado que sea el crepúsculo vespertino, rendirán las resecas mieses su grano de oro a los rudos requerimientos de la cobra regida por el trillador, que turbará la solemne quietud del atardecer con sus canciones.
Tras ellos habían pasado a manos extrañas inmensos trigales de Castilla, arrozales de Valencia, caseríos de las provincias del Norte, toda la hacienda principesca de los antiguos condes de Sagreda, a más de las herencias de varias tías solteronas y devotas y de los fuertes legados de otros parientes muertos de vejez en sus vetustos caserones.
5.- Se conseguirá el embellecimiento de la vida rural, perfeccionando la vivienda campesina y mejorando las condiciones higiénicas de los pueblos y caseríos de España.
Más le temían, que les inspiraba confianza porque el agente de la autoridad concejil, iba y venía por todas las aldehuelas y caseríos en demanda de tributos, en requerimientos de atrasos en la contribución.
Doña Catalina pasaba cuatro meses del año en su casa solariega de San Jerónimo, y al regresar a Lima lo hacía en una litera de plata y escoltada por trescientos indios. Por supuesto, que en todos los villorrios y caseríos del tránsito era esperada con grandes festejos.
Los apellidos que se cruzan en sus hogares – como rosa de los vientos - vienen de por allá lejos, de los recintos agrícolas, de las aldeas con olor a mar, de caseríos andinos.
Velada estaba con una ligerísima niebla blanquecina, y al través de aquella transparente gasa, vimos, a vista de pájaro, sus frondosas arboledas, sus feraces campos, sus risueños caseríos, todo cruzado de caminos y sendas, por los que hormigueaban ya los hombres y los ganados.
Eran indios de las punas que llevaban sus muertos al cementerio. Por todas partes, a mi paso, hallábamos los caseríos desiertos, los campos yermos, las sementeras abandonadas.
Miren cómo alegran el camino la acansinada recua; el arriero que dormita delegando su misión en el liviano; la galera que cruje amenazando romperse en las desigualdades del terreno; algún que otro poderoso de los caseríos próximos...
La luna plateaba el paisaje hermosamente bravío; mansa brisa hacia ondular las ramas de los nogales y quejigos; de vez en cuando cruzaba el espacio con vuelo blando y silencioso alguna que otra ave agorera proyectando en las riscosas faldas su fantástica silueta fugitiva; el silencio de la noche era turbado únicamente por el sonoro latir de los mastines, que velaban en los blancos caseríos y por el lento caminar de los contrabandistas que, jinetes en caballos enjutos y voladores, precedían y escoltaban las poderosas acémilas por las más ocultas veredas.