Ejemplos ?
Éste preguntó al príncipe por qué había dado la preferencia a una joven que, si bien era muy bella, era muy pobre, y su hijo le contestó: -Señor; dije que me casaría con la más hermosa y la más rica y cumplo mi promesa, pues si en belleza no hay quien iguale a Manuelita, tampoco hay quien la supere en riqueza, porque tiene la riqueza del alma.
Grande fue la sorpresa del rey y de la reina al oír tan extraña exigencia, pero como el estado del príncipe era muy grave, no se atrevieron a contrariarle e inmediatamente anunciaron que se casaría con el príncipe la joven, aunque no fuese de sangre real, cuyo dedo entrara en el anillo.
Sofía es tan útil en su casa, que no podían hacerse a la idea de que se casara. Hasta habían decidido entre ellos que no se casaría nunca, y la llamaban siempre la «solterona».
abía vez y vez una Princesa muy estrafalaria, que dijo a su padre, el cual deseaba que tomase estado, que no se casaría sino con aquel que supiese mentir más que ella, y ella lo hacía de manera que nadie podía sobrepujarla.
Pero nunca pudo verla en su pensamiento de modo diferente a como la había visto la primera vez, o tal como acababa de dejarla hacía un momento. Después se preguntó qué sería de ella, si se casaría, y con quién, ¡ay!, el tío Rouault era muy rico, y ella...
Los seis entraron en una ciudad en que el rey había mandado pregonar que el que quisiera luchar en la carrera con su hija, se casaría con ella si era vencedor; pero se le cortaría la cabeza si era vencido.
abía una mujer que dio a luz un hijo, el cual nació de pie, por lo que la predijeron que a los catorce años se casaría con la hija del rey.
Sobre esto le tranquilizaba la seguridad que le había dado ella de que no era casada; pero al mismo tiempo le había dado otra, y era que no se casaría nunca.¿Ligábala quizás algun voto?
No podía elegir una pobre, pero tampoco quería una rica, por lo cual decía que se casaría con la que fuese a la vez la más pobre y la más rica.
Dijeron la verdad, pues pocos días después el hijo del rey mandó publicar a son de trompeta que se casaría con aquella a cuyo pie se amoldase exactamente la chinela.
Entre las felicitaciones, venían los augurios. Ahora tenía que suceder: se casaría lo menos con un príncipe. Vamos, un príncipe no, porque nunca se han visto en Alcazargazul..., pero un señor de lo más alto, un señor que se la llevaría a Madrid, para que se les cayesen de envidia los ojos a todas las señoronas de por allá...
Por los mismos días pasó el rey por aquella aldea sin que nadie le conociese, y preguntando lo que había de nuevo, le respondieron que acababa de nacer un niño de pie, y que todo lo que emprendiese le saldría bien, y que le habían vaticinado que cuando tuviera catorce años se casaría con la hija del rey.