casaca

(redireccionado de casacas)
También se encuentra en: Sinónimos.

casaca

(Probablemente del fr. casaque.)
1. s. f. Chaqueta ceñida al cuerpo, con mangas hasta las muñecas y con faldones largos.
2. coloquial Casamiento o contrato matrimonial.
3. cambiar o mudar de casaca o la casaca coloquial Dejar un partido para seguir otro, cambiar de opinión.

casaca

 
f. Vestidura ceñida al cuerpo, con mangas hasta las muñecas y con faldones hasta las corvas.

casaca

(ka'saka)
sustantivo femenino
1. prenda de abrigo ajustado al cuerpo La casaca es una prenda antigua.
2. prenda de vestir femenina parte de un traje sastre Va siempre de casaca al trabajo.
economía cambiar de opinión Cambié de casaca, me quedo.
Sinónimos

casaca

sustantivo femenino
futraque (col.).

cambiar la casaca locución cambiar*, pasar de un extremo a otro.
Traducciones

casaca

Jacke

casaca

coat

casaca

casaca

casaca

jas

casaca

外套

casaca

外套

casaca

takki

casaca

מעיל

casaca

SF
1. (= prenda) → dress coat (Andes, Cono Sur) → blouson, zip jacket
cambiar de casacato be a turncoat
casaca de montarriding coat
2. (= boda) → wedding, marriage
Ejemplos ?
Estaba el Mozo Largo de Nethertown, que ayudó a tomar Argyle; y el que intimidó al obispo, al que llamaban el Sonajero del Diablo; y los malvados guardias con sus casacas de encaje; y los salvajes amoritas de las Tierras Altas, que derramaban sangre como si fuera agua; y muchos sirvientes altivos, de corazón soberbio y manos ensangrentadas, serviles con los ricos para hacerlos aún peores de lo que hubieran sido, despiadados con los pobres hasta convertirlos en polvo una vez despedazados por los ricos.
¡Casacas cubiertas de la tierra de Chacabuco, hechas andrajos por las balas de Maipú, llenas de piojos agenciados en las miserias de la emancipación!
Nuestro autor define esta voz con su acostumbrada originalidad: «dice que la democracia es una especie de guarda-ropa en donde se amontonan confusamente medias, polainas, botas y zapatos, calzones y chupas, chalecos y pantalones, con fraques, levitas y chaquetas, casacas, sortúes y uniformes, capas, capotes y ridículos, sombreros redondos y tricornios, manteos, Y (¡ojo!) unos monstruos de la naturaleza que se llaman abates.
Pero todo el mundo sabe que el viejo gobernador enterró una gran parte de su dinero cuando los casacas rojas ingleses se apoderaron de la provincia.
Al lado opuesto, el padre de ella jugaba tresillo con dos o tres amigos de don Basilio, sencillos congresistas de provincias lejanas, que vestían casacas muy apretadas, cuellos muy tiesos, trabillas muy tirantes, y por último usaban unas manos tan negras y toscas, que se conocía cuáles habían sido sus antecedentes.
Así los alzaba hace ciento veinte años, para ver, entre la atmósfera de la corte, perfumada de mariscala, los tacones rojos de las favoritas, las empolvadas pelucas, las chorreras de encajes, las casacas de colorines de los cortesanos que rodeaban al sifilítico monarca.
Sobran aquí las casacas .bordadas y los vuelillos de encaje, lo que hace falta es la ruda zamarra, el calzón de estezado, la polaina de piel de cabra, la monteruca hirsuta y iodos los demás detalles del labriego, del venador, de los que guardan piaras en la montanera.
En depresión moral, por ahí se las ven casacas y hábitos, pues igualmente degradan el cuartel y el convento, dando lo mismo obedecer al badajo de una campana que a los palitroques de un tambor, someterse a las ordenanzas del ejército que a la regla de la orden .
En la corte, en los ministerios, en la cumbre de la administración y del ejército, se amontona un tropel de bribones, del mejor de los cuales puede decirse que no sabe de dónde viene, una bohème estrepitosa, sospechosa y ávida de saqueo, que se arrastra en sus casacas galoneadas con la misma grotesca dignidad que los grandes dignatarios de Soulouque.
Los cascos y coseletes de la indómita Cantabria, de los fieles castellanos las dobles cueras y calzas; las fulgentes armaduras, de los infanzones gala, del ligero valenciano los zaragüelles y mantas; de chistosos andaluces los sombrerones y capas, y las chupas con hombreras y con caireles de plata; los turbantes granadinos, jubas, albornoces, fajas; los terciopelos y sedas de vestes napolitanas; de la Bélgica los sayos con sus encajes y randas; los milaneses justillos con las chambergas casacas, y las esplendentes plumas teñidas de tintas varias, con los arcos y las flechas que el cacique indiano gasta, forman un todo indeciso que cubre la extensa plaza de movibles resplandores, de confusión bigarrada.
No acertaría a decir lo que era un carnaval en aquellos tiempos de gozo, en que buscábamos para las comparsas y sus disfraces los arreos de nuestros antepasados, los tricornios mugrientos que habían corrido la tuna, las casacas moradas que habían asistido al recibimiento de la Reina María Luisa, las chupas de raso bordadas con guirnaldillas de rositas, los enormes relojes competidores de los que sonaban en las torres, los guardapiés de tisú, las pelucas empolvadas, los mil objetos con que hoy comerciaría un anticuario y que nosotros aderezábamos de pintoresca manera, sin otro consejo que el capricho de nuestra desenfrenada fantasía, ni más fin que divertirnos todos, viéndonos los unos a los otros por las calles en una broma continua.
63-74 "Monte-Muru, la última batalla", Historia 16, ISSN 0210-6353, Nº 76, 1982, pags. 21-36 "Se rinden los casacas rojas: los ingleses abandonan Menorca, 1782", Historia 16, ISSN 0210-6353, Nº 70, 1982, pags.