cartujano

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cartujano, a

1. adj. RELIGIÓN Perteneciente al monasterio de los cartujos.
2. adj./ s. RELIGIÓN Cartujo, religioso.
3. adj. EQUITACIÓN Se refiere a la caballería que es de raza andaluza.
Traducciones

cartujano

ADJ & SMCarthusian
Ejemplos ?
Institut für Anglistik und Amerikanistik, Universität Salzburg, 2005 - 141 páginas Monasticon Cartusiense, Volumen 185, Número 4, Parte 2, Gerhard Schlegel, James Hogg. Institut für Anglistik und Amerikanistik, 2006 Boticas monásticas, cartujanas y conventuales en España.
Según las estrictas reglas cartujanas entre la contemplación y el trabajo en la cartuja, hay dos lugares distintos para estas prácticas: el pacífico claustro, la biblioteca, con su fino suelo de baldosas cerámicas de Vietri, las capillas decoradas con obras de mármol finamente incrustado, los huertos del claustro; y la enorme cocina -donde se cocinó la legendaria tortilla de mil huevos para Carlos I -, las bodegas con sus enormes cubas de vino, lavanderías, y los enormes patios externos, donde la gente trabajaba en los establos, hornos, y en el molino de aceite de oliva.
La importancia de la cartuja se puede deducir por los personajes que moraron en ella como Bonifacio Ferrer, que llegó a ser prior mayor de las congregaciones cartujanas, San Ignacio de Loyola o el antipapa Benedicto XIII, así como las importantes decisiones que en ella se tomaron.
A partir de él se distribuyen otras dependencias cartujanas como: Locutorio: Es una construcción alargada (18'15 x 3922 m.) que remata con una cúpula sobre pechinas sin tambor ni linterna.
Como ejemplo de esto véase el manierismo latente en su Visión de San Antonio en el Museo del Hermitage; la influencia de Tintoretto apreciable en los cuadros de batallas para el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro y el realismo naturalista en las Historias cartujanas para el monasterio de El Paular.
Sus equilibradas composiciones y los momentos elegidos, siempre más interesado en mostrar los instantes previos al martirio, dedicados a la oración, antes que la muerte misma, marcan las distancias con lo que pocos años más tarde, y al tratar los mismos temas pero con un mayor dramatismo y en un lenguaje ya plenamente barroco, iba a hacer Vicente Carducho, quien, según cuenta Palomino, visitó al Sánchez Cotán en Granada, a donde habría viajado únicamente con intención de conocerle, antes de ponerse a trabajar en su propia serie de escenas cartujanas para El Paular.
Y no faltaban cuatro o seis caballistas que, gallardeándose en los jerezanos, o, por mejor decir, moriscos albardones, y haciendo bailar en aquel terreno a primorosas jacas cartujanas y cordobesas, derribadas sobre las piernas, robaban la atención del sexo devoto y entusiasmaban a los aficionados, que no podían menos de exclamar: «¡Ah hombre bueno!» Entonces aún no había caballos dupones, ni galápagos o sillas hechas en Piccadilly, ni la escuela de los jockeys había sustituido a la de la jineta y a la del conde de Grajal; pero había, sin duda, más gallardos y firmes jinetes y más diestros y hermosos caballos.