Ejemplos ?
Junto a esta reja podía verse un cartelón, redactado simultáneamente en árabe y en francés: Se entregarán 10.000 francos a toda persona que suministre datos que permitan detener a los contrabandistas de ametralladoras o explosivos.
No hace mucho tiempo que iba yo por la calle, pensando en cosa de muy poco valor, cuando levanto la cabeza y me hallo con un cartelón más grande que yo, que decía, con unas letras que dificulto se puedan escribir mayores: El té de las damas.
En el balcón sólo se veían unos girones de papel de cartelón, que el viento y los aguaceros habían destrozado, y que su dueño, cansado de renovar, dejaba ya en el mismo estado; con cuyo mal aspecto parecían poner en entredicho aquella tétrica y abandonada mansión.
Casi los treinta que en ese año componían el gremio de filos desuellacaras, estaban allí reunidos leyendo, releyendo y comentando el cartelón, hasta que el más letrado de entre ellos, llamado Pepe Ortiz, tomó la palabra y dijo: -Señores, si el abad de lo que canta yanta, el barbero manduca de la barba que retruca, y entre Pupa y Pupajor, Dios escoja lo mejor.
Un embozado estaba clavando con cuatro tachuelitas un cartelón en la pared, y a tiempo que terminaba la faena, nuestro hombre, sin encomendarse a Dios ni a Santa María, se arrojó con viveza sobre el bulto y le echó encima los cinco mandamientos, gritando: -¡Aquí del rey!
Al vicario de Huamachuco, doctor don Pedro José Soto y Velarle, que los domingos después de misa mayor sermoneaba a los indios amenazando con excomunión a los que entrasen en inteligencias con los patriotas, le clavaron en la puerta de su casa un cartelón que así decía: «No se meta en honduras, padre vicario, y ocúpese tan sólo de su breviario.
Por eso, los de mi ejemplo imprimen un cartelón de veinte colores, y por él sabe el público que se va a cantar la mismísima ópera Hernani desde el brindis del ilustre bandido hasta el puñal de Silva, es decir, desde la cruz a la fecha.
Alejóse lenta, mente del cartelón, pegado junto a la celosía roja, diciéndose: "No sería mal negocio pescar los diez mil francos." Evidentemente, alguien estaba sembrando la campaña siria de ametralladoras livianas, que el diablo sabía de dónde brotaban.
Y alejado el único defensor del cartelón, veintiocho barberos firmaron un largo memorial que, mitad en latín y mitad en castellano y por su respectivo cuanto vos contribuisteis (una onza de oro), les redactó el abogado de más campanillas que en Lima comía pan.
El día siguiente fué de gran alboroto para el vecindario del Cuzco, porque en la puerta de la Catedral apareció fijado este cartelón:— «Téngase por pública excomulgada a Antonia Peñaranda, mujer de don Pedro Echevarría, por inobediente a los preceptos de Nuestra Santa Madre Iglesia, y por el desacato de haber tratado mal de palabras al señor doctor »don Juan José de la Concepción de Rivadeneira, y porque con sus gritos desacató también al doctor don José Soto, presbítero, que estaba actualmente celebrando el Santo Sacrificio.— Nadie sea osado á quitar este papel, bajo pena de excomunión».
Un domingo de agosto del año 1626, hallábase agolpado gran concurso de gente a la puerta de la catedral de Lima, templo que apenas llevaba diez meses de consagrado, leyendo un cartelón o edicto...
Pero el rey, cansado de tanta prueba inútil, había hecho clavar debajo del cartelón otro cartel más pequeño, que decía con letras coloradas: «Sepan los hombres por este cartel, que el rey y señor, como buen rey que es, se ha dignado mandar que le corten las orejas debajo del mismo roble al que venga a cortar el árbol o abrir el pozo, y no corte, ni abra; para enseñarle a conocerse a sí mismo y a ser modesto, que es la primera lección de la sabiduría.» Y alrededor de este cartel había clavadas treinta orejas sanguinolentas, cortadas por la raíz de la piel a quince hombres que se creyeron más fuertes de lo que eran.