cartaginés

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cartaginés, a

1. adj. HISTORIA De Cartago, antigua ciudad del norte de África, en la actualidad Túnez. cartaginiense
2. s. HISTORIA Persona natural de esta ciudad.
3. s. m. LINGÜÍSTICA Púnico, variedad lingüística del fenicio.
4. adj./ s. Cartagenero, de Cartagena.

cartaginense o cartaginés -nesa o cartaginiense

 
adj.-s. De Cartago, antigua ciudad de África.

cartaginés -nesa

 
adj.-s. Cartaginense.
Sinónimos

cartaginés

, cartaginesa
adjetivo y sustantivo
cartaginense, pú­-nico.
Hablando de la antigüedad, se utiliza púnico; pero este adjetivo no se aplica a personas. Decimos por ejemplo, guerras púnicas, vasos o sepulcros púnicos; más que a la ciudad de Cartago, púnico alude a la raza de sus pobladores y a los restos de su civilización.
Traducciones

cartaginés

cartaginês

cartaginés

cartaginese

cartaginés

Carthaginoise

cartaginés

カルタゴ

cartaginés

/esa ADJ & SM/FCarthaginian
Ejemplos ?
Ni los samnites, ni los cartagineses, ni las provincias de España, ni las de Galia, ni aun los partos, no nos dieron más avisos de su poder, porque más dura cosa es vencer la libertad de los germanos, que el reino de Arsaces.
El Asia reivindica a los Toscanos; los Tirios habitan el África; los Cartagineses, la España; los Griegos se han introducido en la Galia; los Galos, en la Grecia; los Pirineos no cierran ya el paso a los Germanos; la movilidad humana paseó por soledades impracticables y desconocidas.
Marco Atilio Régulo, general del ejército romano, fue prisionero de los cartagineses, quienes teniendo por más interesante que los romanos les restituyesen los prisioneros, que ellos tenían que conservar los suyos, para tratar de este asunto enviaron a Roma a Régulo en compañía de sus embajadores, tomándole ante todas cosas juramento de qué si no se concluía favorablemente lo que pretendía la República, se volvería a Cartago.
No sucedió ciertamente tragedia más lamentable en la primera guerra púnica que el haber sido vencidos en ella los romanos; siendo hecho prisionero de guerra Régulo, de quien hicimos mención en el primero y segundo libros, persona sin duda de gran valor, que, primero había venido y dominado a los cartagineses, el cual hubiera podido terminar la primera guerra púnica, si por una extraordinaria ansia de gloria y alabanza no hubiera pedido a los rendidos cartagineses condiciones más duras de las que ellos podían sufrir.
Mientras andábase en estas dilaciones, la infeliz Sagunto, ciudad opulentísima y aliada de la República romana, fue destruida por los cartagineses al cabo de ocho o nueve meses de cerco, cuya ruina causa horror al leerlo, cuanto más al escribir cómo aconteció; sin embargo, la referiré brevemente, porque interesa al asunto que tratamos.
Juan de Austria (confúndalo Alah) vino a combatir contra los creyentes, prevemos que por ahora vamos a ser derrotados, sin perjuicio de que, andando los años o las centurias, otro Príncipe de la sangre del Profeta venga a recobrar el trono de Granada, que ha pertenecido setecientos años a los moros, y volverá a pertenecerles cuando Alah quiera con el mismo título con que lo poseyeron antes vándalos y godos, y antes los romanos, y antes aquellos otros africanos que se llamaban los cartagineses: ¡con el título de la conquista!
La historia dice simplemente que los mató. Y si los cartagineses les sacrificaban sus hijos, es usanza que no admitieron los romanos.
— Son muy escasos. Dícese que su fundación débese a los cartagineses. Se asegura que su nombre lo recibió en memoria de otro pueblo así denominado, que existió en el primitivo reino de Túnez.
Llegado que fue a Cartago, y dada puntual razón de la resolución del Senado, resentidos los cartagineses, con exquisitos y horribles tormentos le quitaron la vida, porque metiéndole en un estrecho madero, donde por fuerza estuviese en pie, habiendo clavado en él por todas partes agudísimos puntas, de modo que no pudiese inclinarse a ningún lado sin que gravemente se lastimase, le mataron entre los demás tormentos con no dejarle morir naturalmente.
Catón podemos preferir Marco Régulo, en atención a que Catón jamás venció en campal batalla a César, siendo así que César había vencido a Catón, el cual, viéndose vencido, no quiso postrar su orgullosa cerviz sujetándose a su albedrío, y por no rendirse quiso más matarse a si propio; pero Régulo había ya batido y vencido varias veces a los cartagineses...
«Después -dice- que por esta causa algunos le solían ofrecer en holocausto niños, como los cartagineses; y otras personas mayores, como los galos, porque la mejor de las semillas es el género humano.» De esta cruel superstición, ¿para qué hemos de hablar más?
Si Marco Régulo, por no quebrantar juramento prestado en manos de sus crueles enemigos quiso volver a su poder desde la misma Roma, porque, según dicen, respondió a los romanos que le querían detener, que después que había sido esclavo de los africanos no podía tener allí el estado y dignidad de un noble y honrado ciudadano, y los cartagineses, porque peroró contra ellos en el Senado romano, le mataron con graves tormentos, ¿qué tormentos no se deben despreciar por la fe de aquella patria, a cuya bienaventuranza nos conduce la misma fe?