carrizal

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carrizal

s. m. Terreno donde abundan los carrizos.
Traducciones

carrizal

SMreedbed
Ejemplos ?
Ponderador saluda afectuoso Del esplendor que admira el extranjero Al Sol, en seis luceros dividido; Y —honestamente al fin correspondido Del coro vergonzoso— Al viejo sigue, que prudente ordena Los términos confunda de la cena La comida prolija de pescados, Raros muchos, y todos no comprados, Impidiéndole el día al forastero, Con dilaciones sordas le divierte Entre unos verdes carrizales, donde Armonïoso número se esconde De blancos cisnes, de la misma suerte Que gallinas domésticas al grano, A la voz concurrientes del anciano.
La flota estaba como en calma cuando pasaba consigo esta tormenta Felipo de Carrizales, que éste es el nombre del que ha dado materia a nuestra novela.
Y cuentan que llenóse asimismo aquel sitio de flores marinas, de carrizales, los cuales se cubrieron de diferentes géneros de tordos y urracas; unos colorados, otros amarillos, que con su canto y chirriar hacían gran armonía, y alegraron tanto ese lugar ameno y deleitoso, que los AZTECAS parecieron olvidar el sitio prometido por HUITZILOPOCHTLI y se pusieron a cantar y bailar, sin acordarse que todo aquello era una visión ideada por su guía para darles un panorama de como sería el lugar donde fundarían su gran población, la nueva TOLLAN-MESHICO.
En primero de diciembre salimos deste paraje atravesando por unos carrizales...
Y cuando yo gritaba: "¿Adónde se escapa ése? ¡Títiro, recoge el hato!", tú te escondías detrás de los carrizales. DAMETAS ¿Por que, puesto que le vencí en el canto, no me entregaba aquel cabrito que le gané con mis versos al son de mi zampoña?
Despidiéronse, informáronse las partes, y hallaron ser ansí lo que entrambos dijeron; y, finalmente, Leonora quedó por esposa de Carrizales, habiéndola dotado primero en veinte mil ducados: tal estaba de abrasado el pecho del celoso viejo.
La tierna Leonora aún no sabía lo que la había acontecido; y así, llorando con sus padres, les pidió su bendición, y, despidiéndose dellos, rodeada de sus esclavas y criadas, asida de la mano de su marido, se vino a su casa; y, en entrando en ella, les hizo Carrizales un sermón a todas, encargándoles la guarda de Leonora y que por ninguna vía ni en ningún modo dejasen entrar a nadie de la segunda puerta adentro, aunque fuese al negro eunuco.
Los días que iba a misa, que, como está dicho, era entre dos luces, venían sus padres y en la iglesia hablaban a su hija, delante de su marido, el cual les daba tantas dádivas que, aunque tenían lástima a su hija por la estrecheza en que vivía, la templaban con las muchas dádivas que Carrizales, su liberal yerno, les daba.
Con este talle se ponía cada noche a la oración a la puerta de la casa de Carrizales, que ya estaba cerrada, quedando el negro, que Luis se llamaba, cerrado entre las dos puertas.
Maldecía la falsedad del ungüento, y quejábase de la credulidad de sus amigos y del poco advertimiento que había tenido en no hacer primero la experiencia en otro antes de hacerla en Carrizales.
En un momento pensé en huir con ella para salvarla del castigo inexorable, pensé en irme con mi reina salvaje a vivir entre las abruptas peñas, entre los carrizales espesos, en los valles tranquilos.
Tornó a soplar el viento, impeliendo con tanta fuerza los navíos, que no dejó a nadie en sus asientos; y así, le fue forzoso a Carrizales dejar sus imaginaciones, y dejarse llevar de solos los cuidados que el viaje le ofrecía; el cual viaje fue tan próspero que, sin recebir algún revés ni contraste, llegaron al puerto de Cartagena.