carnicero


También se encuentra en: Sinónimos.

carnicero, a

1. s. OFICIOS Y PROFESIONES Persona que por oficio vende carne.
2. adj./ s. Se refiere al animal que mata y devora a otros el león es un mamífero carnicero.
3. adj. Se aplica a la persona que es cruel y sanguinaria un déspota carnicero impuso el terror en la región.
4. GANADERÍA Se refiere al coto y a la dehesa que están destinados a pasto para el ganado.

carnicero, -ra

 
m. f. Persona que vende carne.
adj.-s. fig.Cruel, sanguinario, inhumano.

carnicero, -ra

(kaɾni'θeɾo, -ɾa)
sustantivo masculino-femenino
persona que vende carne el carnicero del supermercado
Sinónimos

carnicero

, carnicera
adjetivo y sustantivo
Traducciones

carnicero

Fleischer, Metzger

carnicero

macellaio

carnicero

جَزّار

carnicero

řezník

carnicero

slagter

carnicero

teurastaja

carnicero

boucher

carnicero

mesar

carnicero

肉屋

carnicero

정육점 주인

carnicero

slager

carnicero

slakter

carnicero

rzeźnik

carnicero

мясник

carnicero

slaktare

carnicero

คนขายเนื้อ

carnicero

kasap

carnicero

người bán thịt

carnicero

屠夫

carnicero

屠夫

carnicero

/a
A. ADJ
1. (= carnívoro) → carnivorous, meat-eating
2. (= cruel) → cruel, bloodthirsty
B. SM/F
1. (= persona) → butcher
2. (= carnívoro) → carnivore, meat-eater
Ejemplos ?
Por un lado dos muchachos se adiestraban en el manejo del cuchillo tirándose horrendos tajos y reveses; por otro cuatro ya adolescentes ventilaban a cuchilladas el derecho a una tripa gorda y un mondongo que habían robado a un carnicero; y no de ellos distante, porción de perros flacos ya de la forzosa abstinencia, empleaban el mismo medio para saber quién se llevaría un hígado envuelto en barro.
Cuando volvió al pueblo el divino santo, todos lo buscaron con quejas y llanto, y con mil querellas dieron testimonio de los que sufrían y perdían tanto por aquel infame lobo del demonio. Francisco de Asís se puso severo. Se fue a la montaña a buscar al falso lobo carnicero. Y junto a su cueva halló a la alimaña.
La galguita gris tenía en este mundo quien la protegiese, quien la amase, y no era un ciego roñoso, no era un carnicero brutal, que hoy acaricia y mañana atiza un puntapié, sino una señora deslumbradora de majeza y lujo, que derramaba fragancias, que hablaba con tono imperativo, y ante la cual se inclinaban hasta el suelo los guardianes...
-¡Ah, no…?- trémulo de furia, el chapulín le dio un bofetón en la nariz al fiero carnicero y le gritó con su vocecilla intermitente: -Pues te declaro la guerra.- concluyó.
Por lo tanto, informó al soberano que Guirior lo embarazaba para esquilmar el país y que nombrase otro virrey, pues su excelencia maldito si servía para lobo rapaz y carnicero.
Nadie ignoraba que la infeliz, casada con un mozo carnicero, residía, años antes, en compañía de su madre y de su marido, en un barrio extramuros, y que la familia vivía con desahogo, gracias al asiduo trabajo de Antonia y a los cuartejos ahorrados por la vieja en su antiguo oficio de revendedora, baratillera y prestamista.
La figura más prominente de cada grupo era el carnicero con el cuchillo en mano, brazo y pecho desnudos, cabello largo y revuelto, camisa y chiripá y rostro embadurnado de sangre.
Esto era, que ínter el carnicero en un grupo descuartizaba a golpe de hacha, colgaba en otro los cuartos en los ganchos a su carreta, despellejaba en éste, sacaba el sebo en aquél, de entre la chusma que ojeaba y aguardaba la presa de achura salía de cuando en cuando una mugrienta mano a dar un tarazón con el cuchillo al sebo o a los cuartos de la res, lo que originaba gritos y explosión de cólera del carnicero y el continuo hervidero de los grupos, dichos y gritería descompasada de los muchachos.
Era una comedia muy bonita, y nada triste; pero he aquí que al levantarse la reina y avanzar por la escena, sabe Dios lo que creerla el mastín, pero lo cierto es que se soltó de su amo el carnicero, se plantó de un salto en el teatro y, cogiendo a la reina por el tronco, ¡crac!, la despedazó en un momento.
—Aquél lo escondió en el alzapón —replicaba la negra. —Che, negra bruja, salí de aquí antes de que te pegue un tajo —exclamaba el carnicero.
Acullá se veían acurrucadas en hilera cuatrocientas negras destejiendo sobre las faldas el ovillo y arrancando uno a uno los sebitos que el avaro cuchillo del carnicero había dejado en la tripa como rezagados, al paso que otras vaciaban panzas y vejigas y las henchían de aire de sus pulmones para depositar en ellas, luego de secas, la achura.
Esa roca se puede caer encima de ti, hermanito ocelote. El carnicero la vio y pegó un salto. -Detenla mejor.- Prosiguió el tlacuache.- Agárrala de allí, mientras voy por auxilio.