carlismo


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carlismo

s. m. HISTORIA, POLÍTICA Tendencia y sistema políticos de los partidarios de la casa de Borbón española descendiente del infante Carlos María Isidro.

carlismo

 
m. hist. Grupo político español de tendencia monárquica tradicionalista. Su nombre arranca del infante Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII, fundador de la dinastía carlista. Cuando Fernando aprobó en 1830 la Pragmática Sanción, que hacía posible la sucesión femenina, los apostólicos se declararon partidarios de don Carlos. Tras morir el rey estalló la Primera Guerra Carlista. Con los sucesores de don Carlos, el problema siguió planteado y sus partidarios desencadenaron la Segunda y Tercera guerras Carlistas.
Sinónimos

carlismo

sustantivo masculino
tradicionalismo, jaimismo, comunión tradicionalista.
Mientras vivió don Jaime de Borbón, el carlismo se llamó también jaimismo.
Traducciones

carlismo

carlism

carlismo

carlism

carlismo

carlism

carlismo

carlism

carlismo

Carlism

carlismo

SMCarlism
CARLISMO
The controversial change which Ferdinand VII of Spain made to the law in order to allow his daughter Isabella to succeed him instead of his brother, Carlos María Isidro de Borbón, gave rise to Carlism, a movement supporting Carlos's claim to the throne. It also sparked off a series of armed conflicts. The First Carlist War (1833-1839) was declared by Carlos when Isabella came to the throne, the Second (1860) was started by his son of the same name, and the Third (1872-76) by a grandson, another Don Carlos. The last Carlist pretender, Alfonso, died in 1936 without descendants, although that did not prevent the Falange Española from later backing the Carlist cause in an attempt to prevent the current king, Juan Carlos, being designated Franco's successor. To this day there is still a Carlist party in Spain.
Ejemplos ?
La alianza que usted establece entre regionalismo, socialismo y lo que llama carlismo popular, suena aún a cosa incongruente, y sin embargo, es la fórmula política en la nueva generación y es practicable dentro del actual régimen.
El carlismo tiene para mí el encanto solemne de las grandes catedrales, y aun en los tiempos de la guerra, me hubiera contentado con que lo declarasen monumento nacional.
Y el carlismo popular, con su fondo socialista y federal y hasta anárquico, es una de las íntimas expresiones del pueblo español.
Finalmente, después de un largo debate, en el que uno y otro nos atacábamos y nos defendíamos sólo con el objeto de hallar la verdad, tantas pruebas históricas y políticas me presentó él para convencerme de que Bizkaya no era España, y tanto se esforzó en demostrarme que el carlismo, aún como medio para obtener no ya un aislamiento absoluto y toda ruptura de relaciones con España, sino simplemente la tradición señorial, era no sólo innecesario sino inconveniente y perjudicial, que mi mente, comprendiendo que mi hermano conocía más que yo la historia y que no era capaz de engañarme, entró en la fase de la duda y concluí prometiéndole estudiar con ánimo sereno la historia de Bizkaya y adherirme firmemente a la verdad.
En las breves escampadas, una luz triste y cenicienta amanecía sobre los montes que rodean la ciudad santa del carlismo, donde el rumor de la lluvia en los cristales, es un rumor familiar.
Porque el carlismo de Mella y de El Correo Español, pongo por caso, es al carlismo real y efectivo mucho menos que un mapa al terreno real, siguiendo la metáfora que establecí ya una vez.
Entonces decidió trasladarse á América con su hija Mar- garita; y fué entonces cuando en Febrero ó Marzo de 1847, le negé el presidente 'Castilla que pisase tierra peruana. ¿Simpatizaba el mariscal con el carlismo?
El carlismo popular, que creo haber estudiado algo, es inefable, quiero decir, inexpresable en discursos y programas; no es materia oratoriable.
Pero el año ochenta y dos (¡bendito el día en que conocí a mi Patria, y eterna gratitud a quien me sacó de las tinieblas extranjeristas!), una mañana en que nos paseábamos en nuestro jardín mi hermano Luis y yo, entablamos una discusión política. Mi hermano era ya bizkaino nacionalista; yo defendía mi carlismo per accidens.
La sombra del carlismo que cubrió a España de infamia con su terror, ha de brillar mientras aquellos hermanos no conquisten para si los grados de conciencia que conquistó ya el pueblo catalán.
Con herir tanto el desdén del catalán o del vasco no sé si es menos hondo, aunque más callado, el desdén del castellano. Si el carlismo se extiende por toda la Península es porque se extiende por toda ella el regionalismo.
Algo más adelantaríamos si nuestros estadistas, o lo que sean, en vez de atender a las idas y venidas de don Carlos, y hacer caso de los periódicos del partido o de las predicaciones de este o de aquel Mella que toma al carlismo de materia oratoriable y de sport político, se fijasen en las necesidades de los pueblos, en las íntimas, en las que no se expresan.