Ejemplos ?
Mil cariños de Pío el que ya está dando los nominativos de segunda, su memoria es feliz y no por esto deja de escribir con Martínez para perfeccionar la letra.
El momento de desenvolver el regalo proporcionaba a Romana gratísima emoción. Los chicos se agarraban a sus faldas, trepaban hasta su cuello, la asfixiaban a cariños.
Don Probo no tenía ni hondos cariños ni íntimas amistades; solterón sin relieve social ni sentimental, tímido y torpe con las mujeres, indiferentes a todos, cuando desapareciese de entre los vivos sería como brizna de paja un día de aire.
Convenían en que la esposa y la hija del desaparecido eran personas excelentes; sólo que, de puro buenas, especialmente la mamá, nadie podía aguantarlas, y Broade, hastiado de babosos cariños, había huido de la cadena conyugal, yéndose no se sabe a qué regiones desconocidas.
Don Alonso, caballero de tan altos requisitos, cuando va a exponer la vida a un inminente peligro (siempre solemne momento en que entra el hombre en sí mismo, porque voces que no mienten le dan interiores gritos), revuelve allá en su cabeza mil encontrados arbitrios para entre el mundo y el cielo encontrar algún camino. Su pecho es campo en que luchan irritados enemigos, preocupaciones, afectos, miramientos y cariños.
Peggotty estaba naturalmente triste al dejar la que había sido su casa durante tantos años y donde los dos grandes cariños de su vida, mi madre y yo, se habían formado.
Siempre he aspirado, de poder ser, a disminuir los embrollos en que se había metido, a devolverle un poco de los cuidados y cariños que le debo, y dedicarle mi vida.
Un día, esta infeliz, que estaba escardando en una haza, sacó de la tierra, al revolverla con el almocafre, una muñequita muy vieja, estropeada, sucia y desnuda; pero, en vez de despreciar a la muñequita y apartarla de sí con asco, la miró con la más tierna compasión, la tomó en sus brazos, la hizo mil cariños y se la llevó a su casa.
Ceno con gente gris que carece de conversación bulliciosa, entreteni­da, y sé que, si no duermo un poco antes, me será imposi­ble permanecer despierta durante la cena. Adiós, Arthur. Cariños a Sybil y un millón de gracias por tu remedio americano.
Ante el silencio de Elvira, el mozo emparejó con ella. Le hablaba de cerca, al oído, brindando desayunos, ofreciendo cariños, susurrando galanterías.
No señores: los enterradores no pueden tomar el papel de comadronas… y tranquilamente, falladas todas esas cosas con el único propósito de atajarle la voluntad al pueblo, se saca del propio malsín como cualquier prestidigitador saca del propio cubilete mágico el nombre moral e intelectualmente ilustre del doctor Eduardo Santos, que es el otro extremo de los cariños aparentes y de los odios profundos de estos dos antiguos jefes del partido liberal.
Hizo Poldy algunos cariños a la cigüeña a fin de mostrar su gratitud, y hasta hay quien dice que besó su cabeza en albricias del buen recado.