Ejemplos ?
La música le cargaba de electricidad, pero la electricidad se le escapaba al depósito común de las pasiones terrenas por los ojos de aquella señora.
Otro, lucía brodequines dorados, traje de seda y valiosos adornos, una cabellera postiza cargaba su cabeza, y su paso era majestuoso; parecía una mujer.
Membrillos empolvados y pinos enfermos eran la única arboleda. El suelo era, como antes, de pozos y pantanos. Cargaba a la espalda su morral vacío.
Concluyóse por fin el mercado, y mientras el fresco matrimonio se instalaba en su rancho, Cayé cargaba concienzudamente su 44 para dirigirse a concluir la tarde lluviosa tomando mate con aquéllos.
En una de sus manos cargaba un voluminoso libro negro y pendiente de la otra, un paraguas décimononesco que combinaba con la tristeza de los matices de su vestimenta.
Hecho este convenio, se pusieron en camino y como ya los sabios HUITZITON y TECPATZIN habían muerto, ahora eran dirigidos por quienes se habían preparado para ello: TEZCACOATL, quien cargaba una bella escultura del colibrí azul que los dirigía.
No pronunció palabra alguna, desenfundó su gruesa pistola y descerrajó en la cabeza del marido de Tula todos los proyectiles que cargaba el disparador.
Acabó usted resueltamente, y con el beneplácito de la nación entera, con un dualismo político estorboso para la unidad de su administración; estorboso porque cargaba desde hace tiempo un lastre harto pesado para quien, como usted, anhelaba gobernar honestamente y sin afanes de lucro.
Amigo de las botellas Como el golilla, testigo De sus proezas, y amigo Por demas de las doncellas, Era el único mortal Que osaba delante de él Representar su papel Sin que él lo llevare á mal. El era quien de las multas Cargaba con el producto Por el seguro conducto De sus continuas consultas.
Era preciso que, mientras uno de los bandidos cargaba con la preciosa maleta, no pudiese Julio resollar, dar un grito, y el bandido cumplía a conciencia la misión de estrangularle.
La advertencia devolvió al reig su seriedad; pero le cargaba que aquel bicho insignificante sacara a colación a cada momento el nombre del pescador, y quiso vengarse.
Acostumbraba doña Ana, que era muy gentil hembra de treinta navidades bien disimuladas, ir á misa en compañía de la mujer del mariscal Alonso de Alvarado, y su criada se en- cargaba, de tender las alfombrillas sobre la losa que cubría una sepultura.