carancho

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También se encuentra en: Sinónimos.

carancho

s. m. ZOOLOGÍA Caracará, ave falconiforme.
Traducciones

carancho

stribet gribbefalk

carancho

Schopfkarakara

carancho

kresta karakaro

carancho

kuifcaracara

carancho

carcará

carancho

caracara

carancho

SM
1. (Perú) (= búho) → owl
2. (Cono Sur) (= buitre) → vulture, turkey buzzard (EEUU)
Ejemplos ?
—exclamó toda aquella chusma cayendo en tropel sobre la víctima como los caranchos rapaces sobre la osamenta de un buey devorado por el tigre.
Caían de cara al suelo. Los borraban: primero, la modestia, y luego los caranchos. A veces recién apagada la guerra y en otras ocasiones al año de haber terminado, llegaba a la estancia, que era grande entonces, un compañero del finado con la divisa y la recomendación de siempre: "Que no afluejen".
Por lo de tener una especie de canasto bien tejido con mimbre en vez del manojo de brusquillas mal arregladas que hasta hoy habían usado, les parecía, en general, una idea temeraria; pues no todos los caranchos sabrían tejer, y esto traería forzosamente complicaciones en los hogares y quizá en toda la república.
Finalmente, en la hora del crepúsculo, cuando empezaban a salir las lechuzas y los murciélagos, el vuelo de los caranchos le llamó la atención.
Cuando le pareció haber completado su obra, resolvió presentarla a la gran asamblea anual de los caranchos que se suele juntar en la primavera alrededor de una laguna, en la Pampa del Sur.
Algunas veces, el tiento cruje; es que el lazarillo olfatea una carniza y es preciso llegar a la osamenta y dejar a la "amiga" pelear con los caranchos y sentirla comer.
Los caranchos, acostumbrados desde miles de generaciones a tener cuando empollan, palitos y espinas que les entran en las carnes por todos lados, comodidad que completan la lluvia y el sol en el lomo y las corrientes de aire por debajo, no podían, sin cometer una locura y hasta un crimen, repudiar las costumbres heredadas de los antepasados.
Mientras «La Colmena» sólo constaba de algunos ranchos, edificados en las orillas del pueblo en formación, como nidos de caranchos, y habitados por cuatreros que de allí daban sus malones a las estancias vecinas, Álvarez había tenido poco que hacer.
Acá no había sirenas, allá había buitres y allá habían unos caranchos que graznaban y no escuchamos a ninguno, sino que escuchamos el clamor de nuestro pueblo, que pide – por sobre todas las cosas – respeto y dignidad al pabellón nacional y a los derechos de la Patria.
Las aves carnívoras, los caranchos, chimangos y gaviotas, revoloteaban en bandadas, llenando el aire con sus gritos de melancólica alegría, espiando la presa sabrosa, achicharrada por el fuego, tan variada como variada es la fauna pampeana: bichitos e insectos de todas clases y tamaños, envueltos en el mismo cataclismo.
Multitud de negras rebusconas de achuras, como los caranchos de presa, se desbandaron por la ciudad como otras tantas arpías prontas a devorar cuanto hallaran comible.
Empezó por preparar los ánimos con un discurso bien pensado, sensato y ponderoso, deplorando que una rutina secular en la confección absurda de los nidos destinados a alojar el fruto de sus amores, hubiera condenado a los caranchos a servir de lema al desorden y al barullo.