Ejemplos ?
En tan supremos instantes, mientras deslizaba en la recámara el proyectil, pensaba que se hallaría mucho más a gusto en los claustros de la Universidad, en el café o en la feria del quince, comprándole rosquillas y caramelos a las señoritas del pazo de Valdomar.
En una rama sujetaban redecillas de papeles coloreados; en otra, confites y caramelos; colgaban manzanas doradas y nueces, cual si fuesen frutos del árbol, y ataron a las ramas más de cien velitas rojas, azules y blancas.
Amasaban en los primeros tiempos el “bizcocho” destinado a alimento de las tropas del “presidio” y a abastecimiento de los buques de arribada o tránsito, y más tarde se acostumbraron a preparar los caramelos y masas que sus esclavos – antecesores lejanos de los actuales “heladeros” y “maniseros” – salían a ofrecer en la venta callejera.
Las jembras toas, y entre toas y salgan las que puean, son malinas, pero que mu malinas, y pa ganarlas sa menester saber más que Merlín, y estar ya desengañaos de que son jierro con la cera, y cera con el jierro, y tú no has salío entoavía, pa con ella, de mantequilla de cacao, y lo que sa menester pa que tu Lola, que no es mala, pero que tiée por cabeza dos docenas de cascabeles, se ponga en su sitio, es que tú te estires y te metas el corazón por debajo del contrafuerte y le des a su tiempo una de cal y dos de arena, y que te múes a la calle del tira y afloja, y que tengas pa con ella unas veces jiel en el pico, y otra caramelos de los Alpes...
Yo me sentaba regocijado, después de mis correctos saludos, y colmaba las manos de la niña de ricos caramelos de rosas y de deliciosas grajeas de chocolate, las cuales, ella, a plena boca, saboreaba con una sonora música palatinal, lingual y dental.
En el último piso de tu casa hay un cuarto obscuro, del que sin duda has oído hablar, que sirve para guardar baúles y muebles viejos; en un rincón de ese cuarto hay muñecas, sillas, mesas y camas para una casa de aquellas, juegos de café, batería de cocina, almendras, caramelos, y otras cosas buenas o bonitas.
Desde los primeros repiqueteos de las campanas empezaron los vendedores a fijar sus blancas mesas de pino sobre la hierba, apoyando en las lanzas de los carros ociosos las pellejas de vino y esparciendo en torno el abigarrado tenderete de botellas de cerveza, cestas de variados hojaldres, jarras blancas o azules, largos caramelos de colorines y todas las vírgenes del calendario, representadas en confituras.
Por sobre un puente se pasa el río de París, el Sena famoso, y ya se ven por todas partes los grupos de gente asombrada, que vienen de los edificios de orillas del río, donde está la Galería del Trabajo, en que cuecen los bizcochos en un horno enorme, y destilan licor del alambique de bronce rojo, y en la máquina de cilindro están moliendo chocolate con el cacao y el azúcar, y en las bandejas calientes están los dulceros de gorro blanco haciendo caramelos y yemas...
Y después de conquistada así la buena voluntad de doña Tomasa, hace bajar de los estantes los artículos que pide, y otros muchos que no necesita; le llena los ojos con el relumbrón de las piezas de percal y de los pañuelos de seda, la abomba con incesante palabreo, y le hace rebajas, y, galante, le regala un abanico japonés de diez centavos, y otro a Ceferina, y a Concepción un paquetito de caramelos, y apunta, apunta, apunta.
Son las más diestras y más pulcras fabricantes de mermeladas, almíbares y caramelos que hay en la creación, y es por demás lastimoso que de la riquísima confitería con tanto afán y labor tan prolija formada en largos días venga a incautarse un zafio ganapán, que con sus manos lavadas (o sucias) se apropia el delicioso néctar.
Un poco más abajo fabricaba, empapelaba y vendía los mejores caramelos de limón que yo he saboreado, doña Marcelina, más conocida por la Siete-muelas, aunque yo hubiera jurado que no tenía una sola.
Cuando llegó allí por última vez, viejo ya, se le murió el último león. Entonces era domador y caramelero, pues el dueño no dejaba vender dentro de la carpa sino caramelos que fabricaban allí.