carabela


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carabela

(Del port. caravela < lat. carabus, un tipo de embarcación.)
s. f. NÁUTICA Antiguo barco ligero, de velas latinas, con una sola cubierta y dos o tres palos.

carabela

 
f. mar. Ant. embarcación larga y angosta, con una sola cubierta, tres palos y cofa solo en el mayor y entenas en los tres para velas latinas.

carabela

(kaɾa'βela)
sustantivo femenino
náutica embarcación ligera y estrecha con tres velas Colón descubrió América en carabelas.
Traducciones

carabela

caravel

carabela

caravelle

carabela

caravella

carabela

Karavelle

carabela

Каравелла

carabela

caravela

carabela

Caravel

carabela

Caravel

carabela

SFcaravel
Ejemplos ?
Sin embargo, las bandas "míticas" del rock venezolano son Zapato 3 y Sentimiento Muerto(80 y 90), también se destacan Solares, Claroscuro y Dermis Tatú; otros grupos interesantes son Autopista Sur, Sur Carabela, Submarino y Los Telecaster.
Se oyeron campanadas estruendosas que parecían una relojería celeste y apareció flotando en los aires, una carabela, sobre la cual el monje, que volaba, descendió y rompió con las tijeras una cerrajería impresionante que encarcelaba a alguien.
Piensa en el justo escarnio que te espera en la hispana ribera, si no es tu extraño pensamiento cierto; dado que al fin a puerto de la distante tierra tu nave frágil a llegar acierte, y huyas la horrenda misteriosa muerte que en los abismos de la mar se encierra... Mas mis voces desoyes, y adelante tu leve carabela, que a tu impaciencia perezosa vuela, diriges impertérrito y constante.
Y un día llegó el primer llanto del Indio; en la mañana del descubrimiento, saltando de la proa de la carabela, y del cielo de la raza en derrota cayó al volcán la primera estrella; otro día llegó la piedad del Evangelio y del costado de Jesucristo, evaporada la tristeza, cristalina de martirio e impetuosa de Conquista, cayó la segunda estrella.
VI - Conclusión Bajo un cielo borrascoso que jamás mortal alguno visto había, en un inmenso mar encrespado y sañudo, do jamás altiva nave osó abrir incierto surco, en una región extraña, parte ignorada del mundo, una frágil carabela, casi imperceptible punto, con grandes peligros lucha, y sin amparo ninguno.
Roto crujir de un navegar silente, Titánic humillado, ahogado en los escombros de sus ruinas, erosión de tiempos inasibles… antiguo monasterio navegante de mármoles callados, de escalinatas de oro, de alfombras fértiles y furor de prepotentes máquinas. Carabela sin amor, monumento al sol herido, fracaso náutico en sus propias frialdades agrietado y sucumbido.
Robinson loco que cavó sereno la playa vacua de sepulcros altos y en el basalto de su carne vieja se le platean las esperanzas mustias de jamás vislumbrar la carabela que descubra su mundo de artificios y estafetas.
No se ve la faz del cielo; por el espacio confuso los relámpagos deslumbran, cruzan los rayos trisulcos, retumban y estallan truenos cual si reventara el mundo, y envuelto en cárdenas nubes el sol parece difunto. Mas la frágil carabela sigue pertinaz su curso, y en tan espantoso caos lleva hacia Occidente el rumbo.
Tres años después, cuando don Enrique repuso algo sus fondos, equipó una carabela y la confió a un marino natural de Lagos, que unos llaman Gil Yañes, otros Giliañes y otros Gil Añés, el cual descubrió el cabo de Bojador, si bien no consiguió pasarlo hasta el año siguiente, que volvió en compañía de Alonso Pérez Baldayo.
El grito de «¡Tierra!» dado en la carabela de Colón no produjo entre los audaces navegantes una impresión tan grata como el del correo en nuestros cuatro personajes.
Intimado el entredicho de un ladrillo y otro duro, llorando Píramo estaba apartamientos conjuntos, cuando fatal carabela (émula, mas no del humo en los corsos repetidos) aferró puerto seguro; familïar tapetada que, aun a pesar de lo adusto, alba fue, y Alba a quien debe tantos solares anuncios.
En esta Flandes, española un día, hallé lo que buscaba; silenciosa tranquilidad, prosaica existencia que excite las poéticas memorias de la oriental España; y aquí marcha mi árabe carabela viento en popa: pueblo aquí mi fantástico universo de miles de quimeras incorpóreas, que me acompañarán mientras que viva tornando en poesía la vil prosa de esta vida de goces materiales, de cálculo y de niebla, que sofoca la fe, la inspiración, la poesía, los instintos el alma generosa, que la mansión mortal no considera, cual esta gente ruin, como una lonja.