Ejemplos ?
-Hombre, te diré -murmuró Cayetano sin atreverse a mirar a su primo cara a cara-; ya conoces tú lo súpita que es tu Rosalía, y como es tantísima la voluntá que te tiée, pos lo que pasa es que como el méico no quería que se le igiera aónde estás tú, poique, de enterarse, se hubiera enjotao en vinir y ella no está pa estos apretones, pos na, se le ijo que tú estabas con una pupa que te había salío por mo de que te dio el relente en la cara, pero ella se cabreó y ayer mañana se enteró por casolidá de que tú estabas aquí, y apenitas se enteró y la señá Micaela se fue a la compra, se salió por la puerta del corral, y...
-¿Menos que él? -protestó el alforfón-. ¡Pues ahora miraré cara a cara al cielo de Dios! Y así lo hizo, cegado por su soberbia. Y tal fue el resplandor, que no pareció sino que todo el mundo fuera una inmensa llamarada.
Sin embargo, luego de unos momentos, mi emoción aumentó terriblemente, al verla ajustar una vez más los anteojos que pendían de su cintura, mirarme cara a cara, como había hecho antes, y sin hacer caso de los murmullos de la gente, inspeccionarme de arriba a abajo, con la maravillosa compostura que ya había deleitado y turbado mi alma.
Sócrates: Ya lo sé, y he aquí por qué deseaba tanto ser tu discípulo, seguro que no hay nadie tan atrevido para mirarte cara a cara; ni el mismo Melito; ese hombre que penetra hasta tal punto el fondo de mi corazón que me acusa de impiedad.
Rey que se deja quitar la capa, da ánimo para que le quiten la vida. Los que cara a cara le desnudan, dan la señal a los que están detrás para que le maten.
Hoy estoy acá, 26 años después para preguntarle a los responsables de esta barbarie si se animan a mirarme cara a cara y a los ojos y decirme dónde están mis padres, Alicia y Damián.
Pero los que se preocupen más de promover el futuro que de retener el presente han de mirar cara a cara la plenitud de esta crisis, a fin de no embarcarse, como en naves maltrechas, dentro de ideales desvencijados.
-dijo el abuelo-. Habríamos podido ver cara a cara a los bienhechores y a los grandes hombres del mundo. -¡Qué simpática y buena parece esta muchacha!
En el ancho soportal de una de las casas que adornan este lóbrego paisaje, y sobre una pila de junco seco, están dos chicuelos tumbados panza abajo y mirándose cara a cara, apoyadas éstas en las respectivas manos de cada uno.
El de la casa mira a su amigo con cierto aire de triunfo, y entrambos clavan los ávidos ojos en los pucheros, y entrambos alargan la diestra hacia ellos, y entrambos remojan el índice en la leche, aunque en distinto cacharro. Con igual uniformidad de movimientos retiran los brazos del arcón, míranse cara a cara y se chupan los respectivos dedos.
En eso pasaban la vida los amigos del rey: en jugar y en pelearse por celos con los bufones de palacio, que les tenían odio por holgazanes, y se lo decían cara a cara.
Y con los franceses les sucedió así también, porque con esos modos de mando que tienen los reyes no llegan nunca los pueblos a crecer, y más allá, que es como en China, donde dicen que el rey es hijo del cielo, y creen pecado mirarlo cara a cara, aunque los reyes saben que son hombres como los demás, y pelean unos contra otros para tener más pueblos y riquezas: y los hombres mueren sin saber porqué, defendiendo a un rey o a otro.