Ejemplos ?
El proletariado húngaro ha pagado un carísimo precio por la fusión de los comunistas húngaros con los socialdemócratas llamados de "izquierda".
Deseáronlo los dos Ayaces, ministros de Ares; quísolo Mediones; lo anhelaba el hijo de Néstor; ofrecióse el Atrida Menelao, famoso por su lanza; y por fin, también Odiseo se mostró dispuesto a penetrar en el ejército teucro, porque el corazón que tenía en el pecho aspiraba siempre a ejecutar audaces hazañas. Y el rey de hombres Agamemnón dijo entonces: —¡Diomedes Tidida, carísimo a mi corazón!
¿Necesitas de mí? Respondió Aquileo, el de los pies ligeros: —¡Noble hijo de Menetio, carísimo a mi corazón! Ahora espero que los aqueos vendrán a suplicarme y se postrarán a mis plantas, porque no es llevadera la necesidad en que se hallan.
Pues ni el fornido Heracles pudo librarse de ella, con ser carísimo al soberano Jove Cronión, sino que el hado y la cólera funesta de Hera le hicieron sucumbir.
Es decir, que mientras los amantes apuran la luna de miel para dar entrada a la de hiel, podemos echar, lector carísimo, el consabido parrafillo histórico.
Y sobre ese particular eres dichosa, al menos. HÉCUBA ¡Oh carísimo: cuán bien hablas y de qué manera tan digna de ti! POLIMESTOR ¿Qué quieres saber por mí aún?
Si no supiéramos que las torres de los frigios han caído derribadas por la lanza de los helenos, ese ruido nos hubiera infundido un terror grande. POLIMESTOR ¡Oh carísimo Agamenón, porque he reconocido tu voz, mira lo que sufro!
Conque pásalo bien, carísimo director; y si después de tanto fárrago resulta que no he dicho nada de lo que tú apetecías, perdóname en gracia de mis buenos deseos de servirte...
Paréceme a mí, oh carísimo Sereno, que Artemidoro se rindió con demasía a los tiempos, y que con demasiada presteza huyó de ellos, porque yo no niego que tal vez se ha de hacer retirada, pero ha de ser a paso lento, sin que el enemigo lo entienda, conservando las banderas y la reputación militar.
Con esto tienes, oh carísimo Sereno, las cosas que pueden defender la tranquilidad, las que la pueden restituir y las que pueden resistir a los vicios que se quieren introducir.
Llegada la hora de los maitines, dijo San Francisco al hermano León: Carísimo, no tenemos breviario para rezar los maitines; pero vamos a emplear el tiempo en la alabanza de Dios.
Pero lo que sí es cosa averiguada es que lió los bártulos, pues no era justo que quedase sobre la tierra para semilla de pícaros. Tal es, ¡oh lector carísimo!, mi creencia.