capitolio


También se encuentra en: Sinónimos.

capitolio

(Del lat. capitolium.)
1. s. m. HISTORIA Acrópolis, lugar alto y fortificado.
2. ARQUITECTURA Edificio majestuoso, sede del parlamento o consistorio.

capitolio

 
m. fig.Edificio majestuoso y elevado.
arqueol. Edificio que es centro de la vida municipal (Toulouse) o parlamentaria (Washington, Buenos Aires, Caracas, etc.).

Capitolio (Capitolium)

 
Colina de la Roma antigua. Albergaba el santuario dedicado a Júpiter, Juno y Minerva (la tríada capitolina).
Sinónimos

capitolio

sustantivo masculino
(arquitectura) acrópolis (arquitectura).
Traducciones

capitolio

capitol

capitolio

metropoli

capitolio

Capitol

capitolio

Capitol

capitolio

Капитолий

capitolio

Capitol

capitolio

Capitol

capitolio

Capitol

capitolio

国会大厦

capitolio

國會大廈

capitolio

Capitol

capitolio

Capitol

capitolio

Capitol

capitolio

Capitol

capitolio

SM (= edificio grande) → large edifice, imposing building; (= acrópolis) → acropolis
el Capitoliothe Capitol
Ejemplos ?
Ya, juntamente con los otros, la tienen puesta en el Capitolio, aunque no es hija de ambos; y si dicen que Minerva ocupa la parte superior del cielo, y por esta causa fingen los Poetas que nació de la cabeza de Júpiter, ¿por qué motivo no tienen a ésta por reina de los dioses, que es superior a Júpiter?
Pasado un breve rato un esclavo de Lucio Poncio, adivinando, dio voces, diciendo: «Sila, mensajero soy de Belona; la victoria es tuya»; añadiendo a estas palabras las siguientes: «Que se había de quemar el Capitolio.» Dicho esto, se apartó del campo, donde estaba alojado el ejército, y al día siguiente volvió aún más conmovido, y dando terribles voces, dijo que el Capitolio se había quemado, lo que era cierto, aunque era muy fácil que el demonio lo hubiese previsto y manifestado luego.
Luego, en efecto, esta gloria se debe a Júpiter Optimo Máximo, ya que quieren que éste sea el rey de todos los dioses y diosas; lo cual manifiesta su cetro y la elevada roca Tarpeya en el Capitolio.
Cuántos dioses añadieron los romanos, fuera de los que hizo Numa, cuya multitud no les ayudó ni sirvió de nada Con todo, no quiso contentarse con tributar culto a todos los dioses, como estableció en ella Numa Pompilio, sino que trató de añadir otros infinitos. Entonces aún no se había fundado el suntuoso templo de Júpiter, pues el rey Tarquino fue el que fabricó el Capitolio.
Pero todos estos despropósitos son tolerables respecto de otros más torpes. ¿Qué sintieron del mismo Júpiter los que colocaron al ama que le crió en el Capitolio?
-¿Y murió también tu padre? -Se cayó de un andamio, aquí en el Capitolio, y se le salieron los sesos. -¿Y tu madrina te quiere mucho?
Antonio, porque no hubiese alguna maldad que dejase de cometer, incitó a César a la inobediencia, y le hizo aborrecible poniéndole coronas en la cabeza en los juegos, como se lee en su vida; le ayudó en su postrera determinación, por tener que acusarle; se escondió en su muerte, para poder engañar los conjurados; los sacó del Capitolio para venderlos; engañolos a ellos, y al pueblo, y al Senado, y al propio César muerto, pues oró en su defensa, y con su toga concitó el pueblo contra los matadores, y luego se levantó contra César y contra su heredero, declarando las traiciones de su intención.
El diablo puede llevarse a Dios sobre una montaña, y enseñarle desde ella el capitolio, las islas Molucas y la ciudad de las Indias, donde nació la hermosa Angélica que le hizo perder el juicio a Rolando: después de lo cual ofrece el diablo a Dios que le dará todo esto si consiente en adorarlo.
Habiendo gastado en la cocina un millón de sextercios y disipado en comidas los regalos de los príncipes y la inmensa renta del Capitolio, agobiado de deudas, viose obligado a examinar sus cuentas, y lo hizo por primera vez: calculó que solamente la quedaban diez millones de sextercios, y creyendo que vivir con diez millones de sextercios era vivir en extrema miseria, puso fin a su vida con el veneno.
No deben los Griegos admirar tanto a aquel padre que, en medio de un sacrificio, al saber la muerte de su hijo, se limitó a mandar callar al flautista, y quitándose la corona de la cabeza, terminó ordenadamente la ceremonia. Así lo hizo el pontífice Pulvilo cuando, al pisar el umbral del Capitolio que iba a consagrar, supo la muerte de su hijo.
De regreso a su casa, sus ojos lloraron y su pecho lanzó algunos gemidos; pero después de tributar los honores acostumbrados a los difuntos, recobró el semblante que tenía en el Capitolio.
¿Es posible que os haya parecido más estimable la reputación de vuestro Senado que la del Capitolio, o, por mejor decir, la de toda Roma, más que la de todo el Cielo, que prohibieseis severamente por medio de una autorizada sanción a los poetas vomitasen la ponzoña de sus lenguas contra el honor de vuestros ciudadanos, y el que sin temor del castigo y contra la majestad de sus mismos dioses pudiesen zaherirles con sus frecuentes dicterios y afrentas ningún senador, ningún censor, ningún príncipe, ningún pontífice lo prohíba?