capacho

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capacho

(Probablemente del bajo lat. capaceus < lat. capere, contener.)
1. s. m. Espuerta de juncos o mimbres que suele usarse para transportar fruta y otras cosas menudas.
2. Media sera de esparto que cubre los cestos de frutas, las seras de carbón y donde también suelen comer los bueyes.
3. CONSTRUCCIÓN Espuerta de cuero, goma u otro material que usan los albañiles para transportar la mezcla de arena y cal desde el montón a la obra.
4. AGRICULTURA Serilla de esparto apretado, compuesta de dos piezas redondas cosidas por el canto, de las que la superior está provista de un agujero por donde se echa la aceituna ya molida.
5. Espuerta acondicionada como cuna. capazo
6. BOTÁNICA Planta del género del cañacoro, propia de las regiones tropicales y cuyo fruto es comestible.
NOTA: También se escribe: capacha, capacha

capacho

 
m. Espuerta de juncos o mimbres.
Espuerta de cuero o de estopa muy recia, usada en albañilería.
En las almazaras, cada uno de los seroncillos de esparto que, llenos de aceituna ya molida, se apilan para que la viga cargue sobre ellos y extraiga el aceite.
Media sera de esparto con que se cubren los cestos de fruta y las seras de carbón, y donde suelen comer los bueyes.
Sinónimos

capacho

sustantivo masculino
chotacabras (pájaro).
Traducciones

capacho

cabas

capacho

hod

capacho

SM
1. (= cesto) → wicker basket, big basket (Téc) → hod (LAm) (= alforja) → saddlebag
2. (Andes, Cono Sur) (= sombrero) → old hat
Ejemplos ?
Hízose con hábiles trabajadores; puso a cada hijo un puñado de onzas en las manos para que se las buscasen con las bestias; puso a la niña un amuleto de corales para evitarle tentaciones; puso a su mujer -muerta a les pocos meses de tranquilidad- un hábito del Carmen y una caja con galones de oro, y diose al esparto, oficio en que era maestro, y al vino, culto en que resultaba, al empezar sus juergas, primer sacerdote, al concluirlas sacerdote exclusivo, por ser el único oficiante que sabía tenerse en pie. No daban sus obreros abasto a la construcción de sermones, capachos, espuertas, frontiles, cubiertas, aguaderas, tencas y sogas.
Y entonces tú también encontrarás intrusos en tu camino que te hablarán de tías que no tienes y tratarán de hacer creer que son hermanos de leche contigo. Los intrusos forman una cadena sin fin, una de esas cadenas de capachos para elevar agua; cada cual recoge, sube y vacía.
Y mientras el Butibamba daba glorioso remate a la obra comenzada por Antoñuelo en mal hora para el tío Capachos, éste contábale lo ocurrido en florido y pintoresco lenguaje, y allá en el Altozano, Antonio casi lloraba de pena y de ira sobre sus ilusiones muertas, y embriagábanse de amor, mirándose con intensa y amorosa avidez, Rosario la Pipiola y Francisco el de Mairena, uno de los hombres más famosos y juncales de los muchos juncales y famosos de los que venden carbón en mi Málaga la Bella.
Mil senderos. Con sus machos, abrumados de capachos, van gañanes y arrïeros. ¡De la venta del camino a la puerta, soplan vino trabucaires bandoleros!
Mas, no obstante esas reflexiones, la alegre cabalgata partió seguida de un criado conductor de dos mulas cargadas de capachos para llevar los fiambres, y traer la sabrosa y perfumada compra...
Y de tal modo hubo de decir estas palabras Antoñuelo, tan ferozmente le hubieron de brillar los ojos; de modo tan amenazador vio relampaguear en su mano crispada la afiladísima «barbera», que cinco minutos después penetraba el tío Capachos en la barbería del Butibamba y decíale a éste con acento compungido, mostrándole la mejilla aún sin afeitar y aún casi llena de jabonosas espumas: -Hombre, Butibamba, por el amor de Dios...
Era un viejo dulce y bueno, y hacía muchos años, al decir de mi madre, que llegaba todos los días, a la misma hora, con el pan calientito y apetitoso, montado en su burro, detrás de dos capachos de cuero, repletos de toda clase de pan: hogazas, pan francés, pan de mantecado, rosquillas… Mi madre escogía el que habíamos de tomar y mi hermana Jesús lo recibía en el cesto.
¡Pos si ella misma se ríe chufleándose de sus dientes! porque, eso sí, lo que es gracia la tiée por capachos. -¡Toma!, por algo anduvo tirándole los chambeles el Triguerito, y eso que el Triguerito presume de tener la boca más fina que el terciopelo.
Del palo largo colgaban los tasajos de solomo y de falda, el tocino y la empella; de los garabatos colgaban las costillas de vaca y de cuchino; las longanizas y los chorizos se gulunguiaban y s'enroscaban que ni culebras; en la escusa había por docenas los quesitos, y las bolas de mantequilla, y las tutumadas de cacao molido con jamaica, y las hojaldras y las carisecas; los zurrones estaban rebosaos de frijol cargamanto, de papas, y de revuelto di una y otra laya; cocos de güevos había por toítas partes; en un rincón había un cerro de capachos de sal de Guaca...
-exclamó revolviéndose iracundo, con el semblante lívido y contraído, siniestra la mirada, y amenazadora la actitud, contra el tío Capachos el barbero del Altozano.
Y mientras tenía lugar esta escena en casa de Rosario la Pipiola, Antoñico el barbero también al oír la voz de Paco y el campanilleo de la Platera: -Usté perdone -díjole al tío Capachos...
Y el tío Capachos, ya impaciente, con el paño al cuello y aún un carrillo limpio y pulido y con el otro embarrizado en jabón, dejó el enorme sitial y dirigióse a la puerta.