capón


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capón

(Del lat. vulgar *cappo, -onis.)
1. adj./ s. m. ZOOLOGÍA Se aplica al animal castrado.
2. s. m. GANADERÍA Pollo castrado que se ceba para comerlo compró unos capones para agasajar a la comitiva.
3. AGRICULTURA Haz de sarmientos de la vid.
4. NÁUTICA Cadena o cabo grueso que sirve para mantener suspendida el ancla por el arganeo.
5. coloquial Golpe dado en la cabeza con los nudillos o sólo con el del dedo corazón.

capón

  (del l. capone)
adj.-s. Castrado.
m. Pollo que se castra cuando es pequeño y se ceba.
Haz de sarmientos.

capón

 
m. Golpe dado en la cabeza con el nudillo del dedo del corazón.
Sinónimos

capón

sustantivo masculino
(col.)coscorrón*, cabezazo.
Traducciones

capón

Kapaun

capón

cappone

capón

chapon

capón

kapoen

capón

Capão

capón

Kapłon

capón

Καπόνι

capón

Kapun

capón

1 SMrap on the head

capón

2
A. ADJcastrated
B. SM
1. (= pollo) → capon (= hombre) → eunuch
2. (Cono Sur) (= cordero) → castrated sheep, wether; (= carne) → mutton
3. (Cono Sur) (= novato) → novice, greenhorn
Ejemplos ?
No sé lo que tendrá, pues no parece enfermo». Y preguntó el caponcito al capón viejo cuál era su secreto para haber evitado la suerte de todos los demás.
La sopera, llena hasta los bordes, era poco menor que un barreño; las fuentes del potaje podían servir de barcas en caudaloso río; el primer principio se componía de más de media arroba de carne guisada; y cuando llegó el gallo en pepitoria, héroe del banquete, acompañábanle, para hacerle honor, cuatro capones. De ellos se nos sirvieron a los tres hombres a capón por barba, y se repartió el cuarto entre las tres mujeres.
A mediodía, después de las rudas tareas de la mañana, cuando vuelven a la estancia o al puesto, los trabajadores encuentran hirviendo el agua y mientras descansan, apurando el sabroso y tónico mate, en el asador chisporrotea la grasa de todo un medio capón o de un ancho costillar de vaca.
n el chiquero disparaban por todos lados los capones, sintiéndose amenazados por el ojo certero y la mano vigorosa del resero; y tanto más gordos se sentían, más asustados andaban. Entre ellos estaba un capón bastante viejo, que los compañeros se admiraban de ver tan tranquilo en semejante trance.
No sabré decir sino que me sacó de la duda de ser barbirrojo como le pintan los españoles por hacerle extranjero, o barbinegro como le pintan los extranjeros por hacerle español, porque él me pareció capón, y no es posible menos, ni que tan mala inclinación y ánimo tan doblado se hallase sino en quien, por serlo, no fuese ni hombre ni mujer.
Soplaba, echando atrás la cabeza, cerrando los ojos llorosos, y tratando, por un conjunto de horribles muecas que le retorcían la cara, de esquivar el contacto del humo espeso que la envolvía. Roció con salmuera el medio capón bien dorado, y sacando el asador del fuego, lo vino a plantar a la sombra.
A todo esto, el niño que a mi izquierda tenía, hacía saltar las aceitunas a un plato de magras con tomate, y una vino a parar a uno de mis ojos, que no volvió a ver claro en todo el día; y el señor gordo de mi derecha había tenido la precaución de ir dejando en el mantel, al lado de mi pan, los huesos de las suyas, y los de las aves que había roído; el convidado de enfrente, que se preciaba de trinchador, se había encargado de hacer la autopsia de un capón, o seo gallo, que esto nunca se supo; fuese por la edad avanzada de la víctima, fuese por los ningunos conocimientos anatómicos del victimario, jamás parecieron las coyunturas.
Cedí con la sopa a los reiteradísimos «ponte más, no lo desaires» con que me acosaba la buena señora; y al tratar resueltamente de negarme a repetir de los potajes, tal fue la insistencia de la familia entera, y tanto me solfearon que despreciaba su pobreza, que por no sufrir tan inclemente machaqueo me resolví, con la resignación de un mártir, a jugar la salud en aquel lance; pero me fue imposible transigir con el capón: materialmente estaba ya lleno, rebosando mi estómago.
Ese Giuseppe, que en Italia no había comido carne sino en ciertos días de fiesta grande, había quedado entusiasmado al ver pendiente del alero de su rancho un capón entero carneado para él solo por don Ruperto.
Apenas aparecía un bulto en el horizonte que ya lo tenía filiado: vaca, yegua, caballo solo o montado, y el color del animal y quién era el jinete, y de dónde venía, y a dónde iba. No necesitaba mirar los dientes del animal para decir su edad, ni manosear un capón para saber si era gordo.
En una de las embestidas resbaló el tenedor sobre el animal como si tuviera escama, y el capón, violentamente despedido, pareció querer tomar su vuelo como en sus tiempos más felices, y se posó en el mantel tranquilamente como pudiera en un palo de un gallinero.
Una criada toda azorada retira el capón en el plato de su salsa; al pasar sobre mí hace una pequeña inclinación, y una lluvia maléfica de grasa desciende, como el rocío sobre los prados, a dejar eternas huellas en mi pantalón color de perla; la angustia y el aturdimiento de la criada no conocen término; retírase atolondrada sin acertar con las excusas; al volverse tropieza con el criado que traía una docena de platos limpios y una salvilla con las copas para los vinos generosos, y toda aquella máquina viene al suelo con el más horroroso estruendo y confusión.