cantarín

(redireccionado de cantarines)

cantarín, a

adj. coloquial Aficionado a cantar era una niña alegre y cantarina.

cantarín

 
adj. fam.Aficionado a cantar.
com. Cantante.
Traducciones

cantarín

пение

cantarín

cantando

cantarín

الغناء

cantarín

zpěv

cantarín

cantarín

노래

cantarín

/ina
A. ADJ [persona] → fond of singing; [arroyo] → tinkling, babbling; [voz] → singsong, lilting
B. SM/Fsinger
Ejemplos ?
Para lograr dominar un determinado territorio, la curruca capirotada macho despliega todas sus armas, de tal forma que infla exageradamente el plumaje de su cuerpo, deja caer sus alas, quedando estas colgadas perezosamente como si les pesaran demasiado, mientras tanto, la cola se abre y se cierra, y el macho que se muestra con mayores «cualidades y valentía» consigue así dominar la situación, quedando por tanto dueño de un pequeño territorio. Para presentarse ante las hembras, los machos de esta curruca se vuelven muy cantarines.
Por su naturaleza literaria el paisaje bucólico es muy estereotipado y escenográfico: los ríos y arroyos son siempre frescos y cantarines, los árboles copudos y umbrosos, el campo un lugar de disfrute, no de trabajo extenuante.
Los capensis tienen un pecho y vientre gris, mientras que virens posee un color amarillo verdoso. Son muy cantarines y mantienen el contacto con un un pee, pree o pireeee suave.
La familia se va por fin de vacaciones al lago como tenía planeado pero con Madame Leota en el asiento trasero y un cuarteto de bustos cantarines atados al maletero del coche.
El 13 de febrero, casi todos ellos se embarcaron en la fragata Pronta, a excepción de Zozaya, González Angulo y Cantarines, representantes de Guanajuato, Puebla y Oaxaca.
Desde afuera, el bosque estaba hermosísimo; parecía lleno de pájaros cantarines y de flores deliciosamente perfumadas, así es que el Niño–Astro penetró en él con gran alegría; pero aquel esplendor no le servía de nada, pues dondequiera que iba, zarzas y espinas brotaban a su paso y lo cercaban, ortigas dañinas lo pinchaban y hojas de cardo le agujereaban la piel; de modo que se encontró pronto en terrible aprieto, y tampoco pudo hallar por ningún lado la moneda de metal blanco, de la cual le había hablado el mago, a pesar de estar buscándola desde el amanecer hasta el mediodía y desde el mediodía hasta la puesta del sol.
Y es que el agua, como sabemos, poca o a torrentes, se une con sus cantarines murmullos a los vientos para darle a la tierra el frescor de sus sonrisas.
Mire usted, don Juan, una vez acerté a pasar por delante del teatro de la Zarzuela cuando las cantarinas y los cantarines se estaban ensayando al son de la música, me paré a oír, y a poco más me desmayo de gusto oyendo aquellas divinidades.