Ejemplos ?
Cuando se lee un texto en voz alta, hay que hacerlo con el vientre. Cuando se lee con la boca y la garganta, uno se cansa de prisa.
-Yo espero, amada mía, ver si la suerte se cansa de sernos adversa, y nos proporciona algún medio para poder evadirnos, y tomar la costa donde se hallan algunos amigos, o si algún refuerzo llega de España a la arruinada fortaleza y viene a rescatarnos.
En la cruz murió el hombre en un día: pero se ha de aprender a morir en la cruz todos los días. Martí no se cansa, ni habla. -¿Conque ya le queda una guía para un poco de mis papeles?
No lo digo por chisme ni mal querer; pero si a mí no se me hubiera arrancao el mando de este pueblo, otro gallo nos cantara a los ensalzaos. »Y con esto no cansa más la atención de V.
Adelante, que es tarde; falta mucho que andar; no nos entretengamos por las ramas y nos escasee el tiempo para las razones, que estoy reventando por dar otras cuentas. DON RAMÓN.- Sea, pues, y veamos quién se cansa antes, el Correo de decir insultos o usted de dar pruebas.
Pero es la única queja que tengo contra ella. Algunas veces me cansa con tanto elogiar a su hijo. ¿Pero qué hay más natural en una madre?
298 La flaca barquilla de mis pensamientos1, veyendo mudança de tiempos escuros, cansada ya toma los puertos seguros, temiendo discordia de los elementos; tremen las ondas e luchan los vientos; cansa mi mano con el governalle, las nueve Musas me mandan que calle; fin me demandan mis largos tormentos.
Un lancero ¿a quién no mata con un cuerpazo hasta allí, dando voces como truenos, que hacen los perros huir? ¿A quién no cansa un barbón con un tiple muy sutil, lastimero y recalzado, diciendo: «ili portuguí»?
Un hombre solo no vale nunca más que un pueblo entero; pero hay hombres que no se cansan, cuando su pueblo se cansa, y que se deciden a la guerra antes que los pueblos, porque no tienen que consultar a nadie más que a sí mismos, y los pueblos tienen muchos hombres, y no pueden consultarse tan pronto.
-Trato hecho-dijo el gigante;-me gustaría tener de criado un hombre como tú, porque me cansa pensar, y tú tienes cabeza para dos.
Y adviértase que en vuestros ojos veo muchas lágrimas de tristeza y pocas de arrepentimiento, y de las más se deben las gracias al pecado que os harta o cansa, y no a la voluntad que por malo le aborresca.
Las sales de mis lágrimas amargan el pan que me alimenta; me cansa el movimiento, me pesan las faenas, la casa me entristece y he perdido el cariño de la hacienda.