canonización


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canonización

s. f. RELIGIÓN Santificación de una persona oficiada y reconocida por el papa.

canonización

 
f. Acción y efecto de canonizar.
Traducciones

canonización

canonization

canonización

canonizzazione

canonización

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Ejemplos ?
Entonces ya no le faltó al desgraciado que había atentado contra su vida más que la canonización: todo el pueblo lo mira­ba como un santo; algunos le invocaban, otros iban a rezar sobre su tumba, otros le pedían milagros, otros contaban los que había hecho.
Murió doña Rosa Catalina en Lima por los años de 1810, y tan en olor de santidad como la madre que la dio a luz. Sobre ambas se envió a Roma expediente para beatificación y canonización.
En vano sus deudos llevaron junto al lecho del moribundo al padre Castillo, jesuita de cuya canonización se ha tratado, al mercenario Urraca y al agustino Vadillo, muertos en olor de santidad.
Según el padre Calancha, el hermanito se dirigió entonces a una estampa de fray Francisco Solano, y le ofreció contribuir con cien pesos para su canonización si se avenía a hacer el milagro de salvar a docta Ana.
Cuando en febrero de 1672, siendo virrey el conde de Lemus, marqués de Sarriá y duque de Taurifanco con grandeza de España, se efectuaron las fiestas solemnes de canonización, las calles de Lima fueron pavimentadas con barras de plata, estimándose, según lo afirman cronistas que presenciaron las fiestas, en ocho millones de pesos el valor de ellas y el de las alhajas que adornaban los arcos y altares.
Hí famoso escritor y orador sagrado padre Ventura de la Ráulica, en su panegírico de fray Martín de Forres, impreso en 1863, refiere que, sin moverse de Lima, estuvo nuestro santo compatriota en las Molucas, y en la China, y en el Japón, libertando del martirio á jesuítas misioneros, pues Dios le concedió el privilegio de la bilocación ó doble presencia, gracia que lo negara á san Felipe Neri cuando éste la pretendió. El padre Ventura añade que la que él nos cuenta, en su citado panegírico, consta en el proceso de canonización.
Por palabras y frases tomadas aquí y allá, vino en conocimiento del suceso: la madre Esclava del Cordero había muerto en olor de santidad y en uso perfecto de sus facultades, a la edad de ciento quince años. La ciudad toda pedía su canonización.
Sabido es que el mero hecho de la unificación satisface de por sí a los obreros, pero se equivoca quien piense que este exito efimero no ha costado demasiado caro. Por lo demás, aun prescindiendo de la canonización de los artículos de fe lassalleanos, el programa no vale nada.
Cuentan apolilladas crónicas, complementa- rias del Añalejo, que á san Ibo, patrón en el cielo de los abo- gados, lo pintan con un gato á los pies, y que, cuando se Iraló do la canonización, el pueblo protestó, hasta cierto pun- to, coa esta antífona: ¿Advocatus et sanctus ?
Como no hay ahora quien mueva el pandero (desentendencia que, por estas que son cruces, no le perdono al Congreso Católico de mi tierra) continúa en Roma, bajo espesa capa de polvo, el expediente que la religiosidad limeña organizó pidiendo la canonización del venerable siervo de Dios.
Treinta años más tarde (1625) el rey don Felipe IV man- dó á México, con el carácter de virrey, á don Rodrigo Pa- clieco y Osorio, marqués de Cerralvo, recomendándole muy mucho que recogiese y enviase á España las obras escritas por el Venerable siervo de Dios Gregorio López, de cuya beati- ficación y canonización se ocupó con empeño aquel monarca, según lo testifican una carta que dirigió á Urbano VIII, otra al marqués de Castel-Rodrigo, embajador de España en Ro- ma, y otra al cardenal Barberino, deudo del Pontífice, docu- mentos fechados en Mayo de 1636, y que á la vista tenemos.
ierra de buenas uvas y de eximias, brujas llamaban los antiguos limeños a la que, en este siglo, fue teatro de los milagros del venerable fray Ramón Rojas, generalmente conocido por el padre Guatemala, y sobre cuya canonización por Roma se trata con empeño.