cano


También se encuentra en: Sinónimos.

cano, a

(Del lat. canus, blanco.)
1. adj. Se aplica a la persona que tiene el pelo blanco se les acercó una anciana cana.
2. Se refiere al pelo que es blanco.
3. culto De color blanco.
4. Que es anciano o antiguo.

cano, -na

 
adj. Que tiene canas.
fig.Anciano o antiguo.
fig. y poét.Blanco (níveo).

cano, -na

('kano, -na)
abreviación
que tiene los cabellos grisáceos cabeza cana
Sinónimos

cano

, cana
adjetivo
2 blanco.
Cano es un término poético.
3 canoso.
Traducciones

cano

blanc

cano

canuto

cano

cano

cano

كانو

cano

Кано

cano

Cano

cano

Cano

cano

Cano

cano

カノ

cano

Cano

cano

ADJ
1. [pelo, barba] (= gris) → grey, gray (EEUU); (= blanco) → white
una mujer de pelo canoa grey-haired o (EEUU) gray-haired o white-haired woman
2. [persona] (= con pelo gris) → grey-haired, gray-haired (EEUU); (= con pelo blanco) → white-haired
Ejemplos ?
El editor era novel, pobre, no tenía amigos en la prensa ni apenas corresponsales; Cano había dado la obra por cuatro cuartos a condición de que no se le molestara exigiéndole propaganda; no quería faire l'article; nada de reclamos, nada de regalos a los críticos, nada de sueltecitos autobiográficos; allá iba el libro, que viviera si podía.
En la plancha los recibe El padre de los dos, émulo cano Del sagrado Nereo, no ya tanto Porque a la par de los escollos vive, Porque en el mar preside comarcano Al ejercicio piscatorio, cuanto Por seis hijas, por seis deidades bellas, Del cielo espumas y del mar estrellas.
Miguel Cano, su padre, que era un arquitecto de mérito, le dedicó desde niño á su profesión, en que hizo unos progresos muy rápidos; pero él se entregó después á la escultura y á la pintura, en cuyas artes sobresalió de tal suerte, que descollando sobre sus maestros Pacheco, Castillo y Herrera, igualó su nombre con el de los artistas eminentes que en su tiempo honraban á España.
Y la muchacha, al observar que su opresor iba a alzarla por la cintura para sentarla delante de su caballo y huir con ella, rápidamente, sin meditarlo, echó mano al revólver que él llevaba pendiente de su cinturón, y disparó casi a boca de jarro, sin contar los tiros, hiriendo a bulto, y saltando después sobre el caballo, que salió espantado, a trancos de terror. El Lobo Cano, entre tanto, aconsejaba a sus hermanos, los dirigía: -Echaos sobre los que llevan fusiles.
Los incendiarios, espantados del fin que preveían, se habían arrodillado, y renaciendo en ellos ante la horrenda muerte el misticismo y la devoción, imploraban a todos los santos nacionales: San Cirilo, San Alejo, San Sergio, la Virgen de Kazán... Y murmuraban: -¡Qué triste noche! El Cano les contestó con un aullido: -¡Triste para vosotros! ¡Para los lobos, alegre!
Por fortuna, la dama viajaba en el mismo tren en que Víctor venía, en un coche contiguo al suyo. Cano tomó sus bártulos, cambió de departamento, y entró, con gran serenidad, donde el matrimonio desconocido.
unque la patria de Melchor Cano, ó Canus, ha sufrido algunas contestaciones, es indisputable que este varón eminente por su sabiduría nació en Tarancon, pueblo de la Diócesis de Toledo, hacia el año de 1505.
La dama levantó la cabeza, vio, en rigor por primera vez, a Cano; y reparándole bien, eso sí, contestó, sonriendo con una sonrisa inteligente, que, dijera él lo que quisiera, parecía hablar de inteligencia de dentro: -En este departamento está prohibido fumar...
Estaba entonces en su mayor fuerza la práctica de arrancar al dolor la confesión de los delitos. Cano fue aplicado á la tortura, pero con expresa órden del Rey para que no le ligasen el brazo derecho.
Pregonadas son las guerras de Francia para Aragón, :¡Cómo las haré yo, triste, viejo y cano, pecador! :¡No reventaras, condesa, por medio del corazón, :que me diste siete hijas, y entre ellas ningún varón!
Piloto hoy la Codicia, no de errantes árboles, mas de selvas inconstantes, al padre de las aguas Ocëano 405 (de cuya monarquía el Sol, que cada día nace en sus ondas y en sus ondas muere, los términos saber todos no quiere) dejó primero de su espuma cano, 410 sin admitir segundo en inculcar sus límites al mundo.
En un momento Arregló sus negocios Conforme al concebido pensamiento, Y a las diez poco más de una mañana Salió sobre una yegua jerezana Más ligera que el viento, Y tres días después desde la altura Del cano Guadarrama De Madrid contemplaba la llanura, Donde sus nieves pródiga derrama.