candil


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candil

(Del ár. qandil, lamparilla < lat. candilus < candere, ser blanco.)
1. s. m. Lámpara formada por dos recipientes de metal superpuestos, con el aceite y la mecha en el superior y en el inferior una varilla con un garfio para colgarlo.
2. Lamparilla de aceite con forma de taza cerrada.
3. Méx. Lámpara de araña.
4. BOTÁNICA Arísaro, planta.
5. s. m. pl. BOTÁNICA Planta aristoloquiácea herbácea de hojas alternas y flores axilares.

candil

 
m. Lámpara de aceite formada por dos recipientes de metal superpuestos, cada cual con un pico; en el superior se pone el aceite y la torcida, y en el inferior una varilla con garfio para colgarla.
zool. Cada uno de los pitones de la cuerna de los ciervos.

candil

(kan'dil)
sustantivo masculino
lámpara de aceite El aire apagó al candil.
Sinónimos

candil

sustantivo masculino
Traducciones

candil

lamp

candil

lucerna

candil

Lampe

candil

lampe

candil

lamp

candil

lâmpada

candil

مصباح

candil

лампа

candil

candil

candil

lampe

candil

ランプ

candil

램프

candil

lampa

candil

SM
1. (= lámpara) → oil lamp (Méx) (tb candil de prisma) → chandelier
(poder) arder en un candil [vino] → to pack a powerful punch, be very strong; [tema etc] → to be pretty strong stuff
2. (Zool) → tine, small horn
Ejemplos ?
Y murmurando así la tía Simona, deja las almadreñas a la puerta del estragal; cuelga la saya de bayeta con que se cubría los hombros, del mango de un arado que asoma por una viga del piso del desván; entra en la cocina, siempre seguida del chico, con la cesta que traía tapada con la saya; déjala junto al hogar; añade a la lumbre algunos escajos; enciende el candil, y va sacando de la cesta morcilla y media de manteca, un puchero con miel de abejas y dos cuartos de canela; todo lo cual coloca sobre el poyo y al alcance de su mano para dar principio a la preparación de la cena de Navidad, operación en que la ayuda bien pronto su hija, que entra con dos escalas de agua y protestando que «no ha hablao con alma nacía, y que lo jura por aquellas que son cruces...
Abriose la puerta y apareció en el quicio, con un candil en la mano que alumbraba su rostro, una vieja tan decrépita y tan horrenda, que el pobre niño dio, horrorizado, tres pasos atrás.
Alejandro Quijano En la cúspide radiante que el metal de mi persona dilucida y perfecciona, y en que una mano celeste y otra de tierra me fincan sobre la sien la corona; en la orgía matinal en que me ahogo en azul y soy como un esmeril y central y esencial como el rosal; en la gloria en que melifluo soy activamente casto porque lo vivo y lo inánime se me ofrece gozoso como pasto; en esta mística gula en que mi nombre de pila es una candente cábala que todo lo engrandece y lo aniquila; he descubierto mi símbolo en el candil en forma de bajel que cuelga de las cúpulas criollas su cristal savio y su plegaria fiel.
Levantóse, en diciendo esta larga arenga, y, tomando el candil, se entró en otro aposentillo más estrecho; seguíla, combatido de mil varios pensamientos y admirado de lo que había oído y de lo que esperaba ver.
Colgó la Cañizares el candil de la pared y con mucha priesa se desnudó hasta la camisa; y, sacando de un rincón una olla vidriada, metió en ella la mano, y, murmurando entre dientes, se untó desde los pies a la cabeza, que tenía sin toca.
Mientras feriaba una rueca, un candil o una libra de cerro, Pepona observaba atentamente a los tratantes; y sus espías, en la taberna, avizoraban los tratos cerrados por un vaso de lo añejo.
Llegóse, en fin, el punto de verme con ella en su aposento, que era escuro, estrecho y bajo, y solamente claro con la débil luz de un candil de barro que en él estaba; atizóle la vieja, y sentóse sobre una arquilla, y llegóme junto a sí, y, sin hablar palabra, me volvió a abrazar, y yo volví a tener cuenta con que no me besase.
Esto, sentado, pensaba, aunque sin decir palabra al ave que ahora quemaba mi pecho con su mirar; eso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada sobre el cojín purpúreo que el candil hacía brillar.
Pero prosigan pa dentro, que la buena voluntá es lo que vale". Dentraron los pelegrinos; trajo la hermana de Peralta el candil, y pudo desaminarlos a como quiso.
-¿Qué demonios te ocurre, hombre? -contestó a poco rato el mayorazgo, apareciendo en escena con el candil en la mano. -¿Qué ruido es el que he sentido sobre mi cuarto?
Y el impávido cuervo osado aún sigue, sigue posado, en el pálido busto de Palas que hay encima del portal; y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña, cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal; y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal, no se alzará...¡nunca más!.
Parece que hay ganas de vivir, ¿eh? -¡Ya ve, papá!... -contestó el nene, más despabilado que un candil. -Ya, ya veo que tenemos ilusiones...