canónigo

canónigo

(Del lat. canonicus.)
s. m. RELIGIÓN Miembro del cabildo de una catedral o colegiata.

canónigo

 
m. catol. Miembro del cabildo de una catedral o colegiata.

canónigo

(ka'noniγo)
sustantivo masculino
religión eclesiástico de una catedral canónigo asesor
Traducciones

canónigo

canon, corn salad

canónigo

Canon

canónigo

Canon

canónigo

canon

canónigo

canon

canónigo

Canon

canónigo

Canon

canónigo

Canon

canónigo

Canon

canónigo

캐논

canónigo

Canon

canónigo

SMcanon
Ejemplos ?
Fortino Hipólito Vera, Canónigo entonces de la Colegiata y exaltado aparisionista, la tradujo en seguida al castellano y la inserto en su abultado e indigesto volumen que lleva por título "Contestacion historico-crítica en defensa de la Maravillosa Aparicion de la Sanisima Virgen de Guadalupe, al anonimo intitulado: Exquisitio Historica." -Queretaro.
Un canónigo muy viejo, pariente suyo, le dio quejas, a que él respondió con insolente despejo: «Que tenía el alma seca de hablar de legislación, y que sentía intención de quemar la biblioteca.» En fin, no hallando más medio de estar en seguridad, mandaron que la ciudad despejara sin remedio.
Dominando la sorpresa y el sonrojo, contestó: — Perdone el señor canónigo mi ig- norancia al creer que el mandato no rezaba con la niña, ade más de que no he tenido tiempo para hacerla saya nueva, y la he traído para que no se quedara sin misa.
En el oratorio de la casa de la novia se adornaba el altar con profusión de flores y de luces, y á las ocho en punto de la noche efectuaba la nupcial ceremonia un canónigo de la Catedral, el prior de alguna de las comunidades, ó el capellán de la familia, cuando no era cleriguillo de misa y olla, salvo las rarísimas ocasiones en que el arzobispo santificaba la unión.
Maroto, antes de resolverse á emigrar, había enviado po- der al canónigo Aristegui, después obispK) in par tibias, para que recobrase la hacienda de Concón y demás bienes confiscados.
De todos modos, la elección realizada no demuestra por cierto que los electores pensasen al hacerlo en el bien de sus provincias. Por Jujuy, fue nombrado el canónigo oriental y totalmente desvinculado de aquella ciudad, Pedro Pablo Vidal.
En la tarde del 8 de Septiembre, día en que medio Lima concurría á las fiestas que se efectuaban en homenaje á la Virgen de Cocharcas, fiestas que, después de la solemne misa y procesión, concluían con opíparo banquete dado en el con- ventillo por el canónigo capellán, lidia de toretes, jugada de gallos, maroma y castillitos de fuego, entró á la picantería una negra que llevaba en brazos una preciosa niña, de raza blan- ca, y que revelaba tener nueve ó diez meses de nacida.
No recuerdo si leí ó me contaron que un clérigo molondro, y á quien el pueblo, aludiendo á que usaba peluquín rubio, llamaba el abate Citcaracha consiguió á fuerza de trapacerías y bajezas, la protección de im virrey, el cual, á pesar de la tenaz resistencia del Cabildo eclesiástico, logró, á la larga, que su ahijado se calzase una canongía. De misacantano á canónigo, ¡volar era más que el águila!
A los más, manifestó una cierta animadversión por la disciplina religiosa de la orden franciscana y pasó, como se dijo al principio, a la benedictina, para después colgar los hábitos, pero sin enemistarse con sus superiores; de manera que pudo volver a vestirlos en los dos últimos años de su vida, ser nombrado canónigo en una abadía y, más tarde, cura de Meudon, puesto que no llegó a ocupar.
Aborrecedor implacable de los cristianos y de cuanto a ellos pudiera pertenecer, jamás pasó junto a un caballero principal o un canónigo de la primada sin quitarse una y hasta diez veces el mugriento bonetillo que cubría su cabeza calva y amarillenta, ni acogió en su tenducho a uno de sus habituales parroquianos sin agobiarlo a fuerza de humildes salutaciones, acompañadas de aduladoras sonrisas.
El puesto de honor en la mesa central, puesto que llevaba anejo el mayor mimo y agasajo del jefe de comedor y de los dependientes, y puesto que estaba libre de todas las corrientes de aire entre puertas y ventanas, terror de Pérez, pertenecía a un señor canónigo, muy gordo y muy hablador; no se sabía si por antigüedad o por odioso privilegio.
Sin embargo las jóvenes, aunque se preciaban de espíritus fuertes, estrecharon sus sillas mirando con terror las ondulaciones que el viento imprimía a las cortinas del salón. -Pues que de coincidencias se trata -dijo el canónigo B.-, he aquí una no menos extraordinaria.