campanero

campanero, a

1. s. OFICIOS Y PROFESIONES Persona que toca las campanas.
2. OFICIOS Y PROFESIONES Persona que se dedica a vaciar y fundir campanas.

campanero

 
m. art. y of. Artífice que vacía y funde las campanas.

campanero, -ra

(kampa'neɾo, -ɾa)
sustantivo masculino-femenino
1. persona que toca las campanas el campanero de la catedral
2. persona persona que vacía y funde campanas El campanero refundió la campana trizada.
Traducciones

campanero

campanaro

campanero

Ringer

campanero

المسابقة

campanero

ringer

campanero

ringer

campanero

SM (Téc) → bell founder (Mús) → bell ringer
Ejemplos ?
De misacantano á canónigo, ¡volar era más que el águila! —;í¡ Cuánto ha subido Cucaracha!!!— exclamó escandalizado el campanero. —Escupa, hijo, esa herejía— le contestó el sacristán.— Diga, y dirá bien:— ¡n Cuánto ha bajado la Catedral de Lima!!!
Pero yo, de mío soy ya pacífico, tengo la pólvora mojada y no quiero camorra ni con mi vecino el campanero de San Pedro, que bastante me mortifica en ocasiones.
Entró en tal estado de fervor y misticismo que sus temas, sus juegos revestían el carácter religioso: todo era administraciones, misa, altares, procesión y Mes de María. Unas veces era sacerdote, otras campanero, monaguillo con frecuencia.
Por supuesto, que se alborotó el cotarro y hubo hasta repique de campanas. Hagan ustedes de cuenta que yo estuve en la torre y ayudé a repicar al campanero...
-le dijo-. ¿Sabes dónde podría encontrar a mi campanero de juegos? El botón de oro despedía un hermosísimo brillo y miraba a Margarita.
Luquillas, que así se llamaba el pazguato que servía a la vez los importantísimos cargos de sacristán y campanero con el pre de cuatro reales vellón a la semana, tan luego como vino nuevo párroco hizo ante él formal renuncia del destinillo, salvo que su merced se aviniera a aumentarle la pitanza, que con latín, rocín y florín se va del mundo hasta el fin, o como reza la copla: En el cielo manda Dios, los diablos en el infierno, y en este pícaro mundo el que manda es el dinero.
ara Cuando al asomarse una mañana Joseíto el Barbero a la puerta de su establecimiento, vio por fin abierta la nueva carnicería de las Nenas de Capuchinos, tentado estuvo de ir a la iglesia más próxima a darle coba al campanero para que echara al vuelo las campanas.
Reza el refrán que nunca falta quien dé un duro para un apuro; y por esta vez el hombre para el caso fue aquel en quien menos pudo pensar el cura; como si dijéramos, el último triunfo de la baraja humana, que por tal ha sido siempre tenido el prójimo que ejerce los oficios de sacristán y campanero de la parroquia.
Interrogarlos los campaneros, contestaban, y con razón, que ellos no tenían para qué meterse en averiguaciones, estándoles prevenido que repitiesen en todo y por todo el toque de la matriz. Llamado ante el arzobispo el campanero de la catedral, dijo: -Ilustrísimo señor, los mandamientos rezan «honrar padre y madre».
Mas el pobrete encontró valedor en uno de los caracterizados conventuales, y los religiosos convinieron caritativamente en conservarlo y darle el elevado cargo de campanero.
Al principio pensó el reverendo que su sacristán había empinado el codo más de lo razonable; pero tal fue el empeño del indio y tales su seriedad y aplomo, que terminó el cura por recordar el refrán «del viejo el consejo y del rico el remedio» y por dejarse poner un pañizuelo sobre los ojos, coger su bastón, y apoyado en el brazo del campanero echarse a andar por el pueblo.
Mutatis mutandis, puede decirse que el hijo de Salomé pensaba como el campanero de marras, proponiéndose honrar con crímenes la memoria de su madre.