campanada

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campanada

1. s. f. Toque de una campana ya se oía el toque de las últimas campanadas. repique
2. Acción o suceso inesperado que provoca sorpresa, novedad o escándalo el candidato local dio la campanada en las elecciones.

campanada

 
f. Golpe que da el badajo en la campana.
Sonido que hace.
fig.Escándalo o novedad ruidosa.

campanada

(kampa'naða)
sustantivo femenino
sonido del golpe del péndulo en la campana Al medio día se escucharon doce campanadas.
Sinónimos

campanada

sustantivo femenino
Traducciones

campanada

stroke, chime, shock

campanada

SF
1. [de campana] → stroke, peal
2. (= escándalo) → scandal, sensation
detener al Ministro sería una campanada tremendaarresting the Minister would cause a tremendous scandal o stir
dar la campanadato cause (quite) a stir
Ejemplos ?
De pronto le pareció oír a lo lejos, en medio del silencio de la noche, el reloj del pueblo tocando las doce campanadas de medianoche, y al momento vio que un matorral se movía y se agitaba ante ella.
A las graves campanadas de las doce, le pareció que los Reyes adquirían movimiento, que andaban, que se acercaban, en círculo de claridad, afectuosos, solemnes.
Comprendí que iba a caerme en ese instante, ahí, sobre el barro, y a morirme del mismo mal que me hizo caer en el bulevar la última noche del año antepasado, al detenerse el volante y cruzarse los punteros de oro sobre la muestra de alabastro. Las doce campanadas ensordecedoras que oí aquella noche comenzaron a sonarme en los oídos.
-Yo te daré más amor que él. En aquel momento sonaron a lo lejos doce campanadas. El desconocido y Cecilia llevados por el fogoso caballo iban a internarse en el monte cuando vieron a pocos pasos un grupo de hombres armados a cuyo frente divisaron a Serrano y a Lorenzo.
Apuraba ya la segunda copa, buscando en ella bríos para emprender un ataque decisivo, cuando en el reloj del Puente empezaron a sonar las campanadas de las diez, y Benedicta con gran agitación y congoja exclamó: -¡Dios mío!
Se ajusta el traje, descubre la garganta, ve que llega el verdugo para atarle las manos con una cuerda; saca del seno una cinta labrada con oro y seda, y, «Átalas -le dice-, amigo, si es necesario, con ésta.» De hinojos en la almohada se pone, el cuello presenta, el religioso le grita: «Dios te abre los brazos, vuela.» El hacha cae como un rayo, salta la insigne cabeza, se alza universal gemido y tres campanadas suenan.
Tratábase no más que de una noche, y mitad de ella era ya por filo, según anunció el reloj de la torre sonando doce lentas campanadas.
Aunque cuando cesaban los últimos ecos, una risa leve se apoderaba a la vez de toda la concurrencia; los músicos se miraban y sonreían como burlándose de sus propios nervios y desconcierto, y se susurraban mutuas promesas de que las siguientes campanadas no les causarían ya la misma impresión; pero luego, al cabo de sesenta minutos (que son tres mil seiscientos segundos de Tiempo que vuela), de nuevo sonaba el carillón, y volvía a repetirse la misma meditación, y el mismo desconcierto y nerviosismo de antes.
Todas las mesas estaban ocupadas por vendedores de diarios y cocheros. En el reloj colgado sobre una pueril escena bucólica, sonaron cinco campanadas.
Pero hoy la máquina estatal se ha convertido en un reloj de cristal cuyo mecanismo es visible; se ven girar las ruedas, se oyen sus chirridos, y uno se asusta del eje y del volante. Yo sé cómo darán las campanadas, y ya no tengo la fe infantil.
No obstante, redobló de pronto el lanzamiento de serpentinas y cordones y gasas de colorines que envolvía las barandillas de los palcos y tapizaba el suelo; y al caer las tres campanadas llamó algo la atención el ingreso, en dos palcos antes vacíos, de un grupo de máscaras.
Antes, mis doce campanadas hacían alzarse a los espectros de sus tumbas, y a las hechiceras, barnizadas de untos fríos, salir como cohetes, cabalgando en esta escoba, por la chimenea.