camorra


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camorra

s. f. coloquial Riña o discusión violenta anda siempre metido en camorras y pendencias. bronca, pelea, trifulca

camorra

  (del it. camorra)
f. fam.Riña o pendencia.

Camorra

 
Sociedad secreta de delincuentes que hizo su aparición a principios del s. XIX en el reino de Nápoles. Explotaba el juego, el contrabando y la prostitución. Con Fernando II y con los garibaldinos, llegó a constituirse en policía secreta. En E.U.A. fueron absorbidos por la Mafia. Desde 1980, la Camorra es la responsable del asesinato de más de 3 600 personas, convirtiendo Nápoles en la ciudad más violenta de la Unión Europea. La publicación, en 2006, de Gomorra, un detallado estudio de la organización criminal a cargo del escritor y periodista Roberto Saviano, le supuso a su autor un gran éxito de ventas, pero también ser el blanco de amenazas de muerte.

camorra

(ka'mora)
sustantivo femenino
discusión o riña violenta y ruidosa entre dos o más personas Anda siempre buscando camorra.
Sinónimos

camorra

sustantivo femenino
Traducciones

camorra

row

camorra

briga

camorra

Camorra

camorra

Camorra

camorra

Каморра

camorra

كامورا

camorra

Camorra

camorra

Camorra

camorra

Camorra

camorra

SFfight, row, set-to
armar camorrato kick up a row
buscar camorrato go looking for trouble
Ejemplos ?
Tuvo para mí mala mano El que me puso la sal, Porque es sino tan bagual El que rumbo me señala, Que p'andar siempre en la mala Tengo una suerte especial. Ricien me apuntaba el bozo Cuando me juí a una carreras, Y, de güenas a primeras, Me armó ayí camorra un mozo.
habia venido de su hogar á la camorra, como ellos dicen, de un espíritu patriotico, y de un fuego tan vivo para vencer que no es dable á mi pluma poderlo pintar para que se conosca en todo su lleno: solo puedo compararlos á los defensores de Buenos Ayres, y reconquistadores de Montevideo, Maldonado y la Colonia en 1807.
El instinto de hallarse en poder de un enemigo superior impedía que aquellos canes armasen camorra, que se amenazasen enseñando los dientes fuertes y blancos.
Aquel día subieron de punto los celos de Perico, que no había andado corto en apurar bebes; «y a propósito de un mulo que atropelló al sacristán», que es un pretexto como otro cualquiera cuando lo que se busca es pretexto, armó camorra al favorecido rival, echó mano al alfiler, y de un mete y saca por todo lo alto, lo dejó redondo.
Era lindo verlo trabajar: bravo como él solo, sin vacilar, buscaba camorra a los padrillos más antiguos de la estancia, metiendo por todo el campo un continuo retumbar de correrías locas, con relinchos y ruidos de combates homéricos, todo por apoderarse, muchas veces, de alguna yegua medio deshecha, con la cual, desde lejos y quién sabe cómo, se había relinchado, sin ver que los caballerescos ademanes del contrario, prodigados como para detenerla, eran de pura forma y para disimular su perfecta conformidad con que ella se fuera.
Bermúdez retrucó que él no era domador de gatos y no podía embozarle las uñas al suyo, como se hace con el hocico de un perro: pero si el gato se le saltó encima a Gancedo fue porque se había pegado un susto sin que nadie se metiese con él; que Gancedo no tenía por qué ni para qué andar a aquella hora ni a ninguna otra, por su barrio, si no era por puras ganas de armar camorra, como la armó; que el mismo Gancedo era un mal hombre, aprovechador y flojo, que se había valido de que él estaba solo y desarmado, únicamente en compañía de una débil mujer -¡óiganle al duro!- para madrugarlo y vengarse porque era público y notorio que se la tenía jurada...
¡Quién sabe si la camorra entre el barbero y el mayordomo habría servido para despertar sospechas sobre las ollas; que de pequeñas causas han surgido grandes efectos!
El señor Sobrino y Minayo, a pesar de la mitra, era aficionado a la camorra; y tanto que la armó y gorda por poner en vigencia una ordenanza de Felipe II, la cual disponía que las hembras de enaguas airadas vistieran, para no ser confundidas con las honestas damas, de paño pardo con adornos de picos; de donde, por si ustedes lo ignoran, les diré que tuvo origen la fase andar a picos pardos.
Pero yo, de mío soy ya pacífico, tengo la pólvora mojada y no quiero camorra ni con mi vecino el campanero de San Pedro, que bastante me mortifica en ocasiones.
-¿Y en qué se funda vuestra señoría para desmentir con esa frescura a todo un Capitán del ejército, a un hombre honrado, a una persona mayor? -gritó con fingida vehemencia don Jorge, procurando meter la cosa a barato y armar camorra para salir de aquel mal negocio.
Pues bueno: Vivía en el pueblo un taitón muy macizo, muy acuerpado y de mucha fortaleza, que se llamaba Francisco Vera. Era tan buscarruidos y altanerote, que le armaba camorra al que lo volteaba a ver.
Agregaré también que anda muy lejos de mi propósito herir delicadeza alguna, y que si hay prójimo a quien el cuentecito haga cosquillas, lo dé por no escrito y san se acabó; que yo soy moro de paz y no quiero camorra con nadie, y menos con los que le metieron el resuello al mismo diablo.