camisón

camisón

1. s. m. INDUMENTARIA Y MODA Prenda de vestir usada para dormir abrió la puerta a la policía en camisón.
2. Colomb., Chile, Venez. INDUMENTARIA Y MODA Vestido que usan las mujeres, con la excepción del de seda negra.
3. Antillas, C. Rica INDUMENTARIA Y MODA Blusa, prenda de vestir femenina.

camisón

 
m. Aum. de camisa.
Camisa larga, usada gralte. para dormir.

camisón

(kami'son)
sustantivo masculino
prenda interior femenina para dormir camisón de algodón
Traducciones

camisón

nightdress, nightgown, night‐shirt, nightie

camisón

Nachthemd

camisón

noční košile

camisón

natkjole

camisón

yöpaita

camisón

spavaćica

camisón

ネグリジェ, ねまき

camisón

잠옷

camisón

nattlinne

camisón

ชุดนอน

camisón

gecelik

camisón

váy ngủ

camisón

女睡衣, 睡衣

camisón

Нощница

camisón

SM [de mujer] → nightdress, nightgown; [de hombre] → nightshirt
Ejemplos ?
Estos borrachos simpáticos, de cuyos bolsillos escapan golletes de botellas, miran con mirada lacrimosa a una señora obesa, apoyada en la ventana, cubierta de un extraordinario camisón, con cofia blanca, y que enarbola un tremendo garrote desde la altura.
De ser hora de desvelo febril y gozoso, en que los nervios vibran y la fantasía enciende sus farolillos de colores; de ser la hora en que las estrofas acuden aladas al llamamiento de los poetas, y el champagne bulle en las copas cristalinas, alegrando por un momento el plomizo sueño de la vida, he venido a ser la hora en que se ronca; ¡una hora con gorro de algodón y camisón amplio!
Tomé la copa y fingí llevármela a los labios dejándola luego sobre un mueble como para apurarla más tarde a placer y, aprovechando un instante en que estaba vuelta de espaldas, vacié su contenido bajo la mesa, luego me retiré a mi habitación y me acosté decidido a no dormirme y ver en qué acababa todo esto. No esperé mucho tiempo, Clarimonda entró en camisón y una vez que se hubo despojado de sus velos se recostó junto a mí.
Había en él periódicos franceses, Ilustraciones metidas en su fino camisón de seda, dos o tres cartas de satinado sobre y heráldico timbre, y, nota desaliñada en aquel concierto, otra carta más, cerrada consigo misma, sellada con obleas verdes, regado de gruesa arenilla el sobrescrito.
Cuando se detuvo en el jardín para alumbrarme a la vuelta con su linterna pude observar que me miraba de nuevo con preocupación; pero no le di importancia; estaba demasiado ocupado reflexionando sobre lo que me había dicho, demasiado impresionado, por primera vez, por la idea de que teníamos que hacemos nosotros solos nuestro porvenir, Dora y yo, y que nadie podría ayudarnos. Dora descendió dulcemente en camisón a mi encuentro, ahora que estaba solo.
¡No!, ¡no! La niña llegó en brazos de su muchacha, con su largo camisón, de donde salían su pies descalzos, seria y casi soñando todavía.
Lo más notable del caso es que si alguna de estas mujeres honestas, para singularizarse hubiera dejado de serlo, con semejante actitud no habría agregado ningún encanto a su personalidad. Habían nacido para enfundarse en un camisón que les llegaba a lo talones y hacerse la señal de la cruz antes de dormirse.
Esta vez ella no se animó a mirar el agua; y al volver a su cama sintió caer en su camisón, lágrimas verdaderas y esperadas desde hacía mucho tiempo.
Por aquello del decoro, Iván Yákovlevich endosó su frac encima del camisón de dormir, se sentó a la mesa provisto de sal y dos cebollas, empuñó un cuchillo y se puso a cortar el panecillo con aire solemne.
El loco se pasaba la vida en la ventanita de mi habitación, que daba al cementerio, y yo me preguntaba si sus pensamientos, en su extravío, no encontrarían a veces las mismas ilusiones que había ocupado mi espíritu cuando me levantaba de madrugada en verano y vestido únicamente con mi camisón miraba por aquella ventanita para ver los corderos que pacían tranquilamente bajo los primeros rayos del sol alegre.
Había incluso días en que, apenas llegaba a casa, subía a su habitación; y Justino, que se encontraba allí, circulaba silenciosamente, esmerándose en servirla más que una excelente doncella. Colocaba las cerillas, la palmatoria, un libro, disponía su camisón, abría las sábanas.
A las diez de la noche no había vuelto aún, y entonces me acosté; a eso de la una de la madrugada me despertaron sus pasos en el cuarto, yo iba a encender la luz cuando él dio un gran salto y tomándome de un brazo, usted sabe la espantosa fuerza que tiene, en camisón me sacó de la cama y arrastrándome por los pasillos me llegó hasta la puerta del hotel.