callos


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Sinónimos

callos

sustantivo masculino plural

callos:

guatitas (NoRAE)
Traducciones

callos

Kutteln

callos

hard, tripe
Ejemplos ?
Vi nacer, vi morir del sol la lumbre, solo en la soledad... mas hoy rechaza mi edad cansada fustigar caballos, y para cazador me sobran callos.
Por ser de Laura cautivo me trata como un esclavo, y quisiera algunas veces ser con ella un libertado. De este palacio, mondonga, según los pies y las manos, me ha parecido, porqué de mondonga tiene callos.
Tan desgraciado es el culo que hasta los animales les muerde el lobo por él y en las monas se ve que porque quieren descansar y sentarse a menudo se llenan el culo de callos y por eso han dado en decir: "Fulano tiene más callos que culo de mona".
Ni ¿cómo había de gustarle un hombre soez y mal vestido, con las manos llenas de callos y espinas, quemado del sol, curtido por la lluvia y oliendo a pescado a una vara de distancia, a ella, tan pulcra, tan elegante, tan presumida como una madrileña?
Quién te da de comer, educación, vestido y todos los medios para que un día puedas figurar con honor en las filas de la sociedad? Pero para esto hay que remar duro, y hacer lo que se dice callos en las manos.
Y mandamos asimismo que, como al carbón, se le quite la tara, a rata por cantidad, lo que pesaren los callos de las manos y cazcarrias de las sayas y la mugre de los muslos.
En el frecuente tiroteo de chanzas entre los dos poetas, decía el cojo Larriva que Echaray era Juicio final con patas; nido de garrapatas; envoltorio estupendo; tambora de retreta y sin remiendo; demonio vil injerto en papagayo que viste largo sayo; judío de Levante que lleva el pujavante para cortar los callos á Lonjino, su padre y su padrino.
Durante la primera semana de mi pasión compre cuatro chalecos magníficos, no para mi propia satisfacción, no era vanidoso, sino por Dora. Me acostumbré a llevar botas muy ajustadas por la calle, y de entonces provienen todos los callos que después he tenido.
Un pretendiente al corregimiento de Saña o Jauja, los más importantes del virreinato, abordó al virrey en el jardín, confundiéndolo con su mayordomo, y le ofreció algunos centenares de peluconas por que emplease su influjo todo con su excelencia a fin de conseguir que él se calzase la codiciada prebenda. -¡Por vida de Santa Cebollina, virgen y mártir, abogada de los callos!
Yo no he tenido nunca callos ni botas, pero sé lo que digo por el testimonio de personas fidedignas y experimentadas. La convalecencia es una nueva vida que se comienza siendo grande.
Y con las riendas y el cabestro atados en el pescuezo, prendido de la argolla del bozal un lazo, lo hacen levantar y caminar, con las patas maneadas, y salido del corral, tambaleando, tembloroso, furioso y violentamente asustado, se encuentra cara a cara con el hombre. Echa bufidos, se sienta, mira al domador con espanto: -«¿Seré tan feo?, dice éste, ¡che!, no me pises, que tengo callos».
Estos ya no son, por supuesto, ni se acuerdan que sus padres hayan sido vascos de chiripá, de poncho pampa, de pito delgado y de rebenque grueso, con la tabaquera de vejiga o de cuero peludo arrollado, en la boina azul, guardando en los múltiples bolsillos, cerrados con patacones, del tirador grasiento, los boletos de la marca y de las señales, la papeleta de ciudadano español o francés, y los pesos, ganados a fuerza de sudor y de callos en las manos.