callejero


Búsquedas relacionadas con callejero: meru

callejero, a

1. adj. Que es propio u ocurre en la calle lenguaje callejero.
2. Que vive o frecuenta las calles he recogido a un perro callejero.
3. s. m. Lista de calles de una ciudad.
4. Registro o lista de los domicilios de los suscriptores que usan los repartidores de periódicos u otras publicaciones.

callejero, -ra

 
adj. Que gusta de callejear.
m. Lista de las calles de una ciudad populosa.
Registro de los domicilios de los suscriptores, que usan los periódicos.

callejero, -ra

(kaʎe'xeɾo, -ɾa)
abreviación
relativo a la calle perro callejero
Traducciones

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רחוב

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A. ADJ
1. (gen) → street antes de s
accidente callejerostreet accident
disturbios callejerosstreet riots
mercado callejerostreet market
2. [persona] son muy callejerosthey are always out and about
V tb perro A1
B. SM
1. (guía) → street directory, street plan
2. (Aut) → runabout
Ejemplos ?
Después se va con su amigo estudiante a París, donde un buen día encuentra a Panurgo (del griego PANERGON: el que está siempre pronto a hacer de todo, pero en este caso, preferentemente el mal), tipo de vagabundo genial y pintoresco que conoce varias lenguas, incluso el griego y el hebreo, alegre y hablador; cobarde y bravucón y que se cuenta entre las más interesantes y animadas figuras de Rabelais: “Sabía sesenta y tres maneras de hallar siempre dinero de acuerdo con su necesidad, de las que la más honrada y fácil para él, era el hurto; malo, tramposo, borracho, callejero, vagabundo de los más meritorios de París.
Por callejero se lo habían querido llevar a la perrera de la ciudad y él había tenido que escapar de aquella monstruosa pena., .patas para cuando son!...
4 Sinopsis de la Jornada primera: Escena I: En la rivera del Betis (río Guadalquivir) don Juan conoce a doña Beatriz en una cacería, pero ella parte sin informarle su nombre. Don Juan explica a Muñoz y a Tacón sus razones de haber huido a Flandes, por un duelo callejero y por proteger a doña Ana.
Y tan a gusto iban las Nenas, el Viruta y Joseíto el Barbero en el machito de su bienestar, cuando una mañana, mañana en que el sol parecía acercarse más enamorado que nunca a este rincón andaluz; en que lucía el ambiente incomparables transparencias; en que en todo parecía reír la vida; en que una multitud alegre, parlanchina y pintoresca discurría en animado bulle bulle por calles y plazas; en que los vendedores ambulantes ponían en sus pregones sus más quejumbrosas armonías; en que un organillo callejero dejaba oír sus acordes y un bandurrio de rapazas bailaba a su alrededor con sorprendente habilidad...
Los pensamientos de él eran mucho más ambiciosos, como siempre son los hombres; soñaba que era un golfo callejero y que tenía cuatro chelines, con los cuales se compraba la mujer y se la comía.
Las mujeres que llegan al cuatro y cero, quedan para comparsa del callejero». En primer término del nacimiento se veían dos muñecos representando al Rosita Pitiminí y a Guzarrapo, que eran un matrimonio de enanos y dos tipos populares de Lima en tiempos del virrey Abascal.
pero son lectura para damiselas soñadoras y nerviosas. A mí nada me dicen que no me tenga por muy sabido; son para mí chachara celestial, música de organito callejero.
Y al asomar a la estancia su semblante, ya sonriente, el Confitero pudo ver cómo aquellas dos cabezas juveniles y tocadas de flores se unían besándose con efusión, mientras al pie de la enorme reja un organillo callejero daba a los aires sus populares armonías.
Camisa con escote y volante era su corpiño; en primitiva desnudez lucía su brazo roñoso y amorcillado; tapábase las greñudas "pasas" con pañuelo de color rabioso que anudaba en la frente a manera de oriental turbante; sólo para ir al templo se embozaba en una mantellina, verdusca ya por el tiempo; a paseo o demás negocio callejero iba siempre desmantada.
Y el fraile del rosario callejero, seguido de beatas y tapadas de saya y manto, por las que canturreaba la Sin-monillo: «Arrímate a los frailes, niña, si puedes; porque llevan corona como los reyes.
No pasaron ciertamente por frailes de gran ciencia, ni lucieron sermones gerundianos, ni alcanzaron sindicato, procuración o pingüe capellanía, y ni siquiera dieron que hablar a la murmuración con un escándalo callejero o una querella capitular.
Tampoco soy partidario de esa poesía de filigrana y re- lumbrón, tan á la moda ogaño, cuyo mérito se basa en hacinar palabras bonitas, rimas agudas y conceptos alambicados.; Mú- sica de organito callejero!