calla

calla

s. f. Amér. AGRICULTURA Palo puntiagudo usado para sacar plantas con las raíces y para abrir hoyos para sembrar.
Ejemplos ?
Son parleros los ojos, y suelen las acciones del cuerpo ser chismes de la negociación del entendimiento. El que piensa divertido, suspenso dice lo que calla.
La flor cierra los labios: calla el mundo, en luz se rompe en lo infinito el astro; y del negro horizonte en lo profundo, sube la niebla en olas de alabastro.
¡Dios que lee en los corazones!... Mi tía y señora recobró el tono autoritario: —¡Calla!... Eres el más admirable de los Don Juanes: Feo, católico y sentimental.
46 Ya la primavera, desheladas, vuelve a traer las templanzas, ya del cielo equinoccial el furor, con las agradables auras del céfiro, calla.
El cóndor es majestuoso y no se cree el muy grandioso: cada quien tiene su qué y cada cual su porqué. Así que calla hablador: Nunca serás gran cantor.
Querría huir, y como herido ciervo dondequiera que va, lleva la flecha: de sí vergüenza y de su amor padece, y calla, aunque es sanar cuanto apetece.
¡Que te sirva de lección para no dejarte arrastrar nunca por tu mal genio! - ¡Calla esa boca, mamá! -protestó con aspereza la Cangrejita-.
Apodérase una apoplejía del celebro; muérense los pies y tiemblan las manos, y por la cabeza, que padece y calla, hablan con temblores los brazos.
(exclamó uno de los discípulos, que durante la anterior conversación había estado mirando alternativamente al lienzo y al religioso.) ¿No creéis, como yo, que ese viejo frailuco se parece muchísimo al joven que se muere en este cuadro? - ¡Calla!
Aquél calla, que escribe lo que nadie lee; y es peor que el silencio, escribir lo que no puede acabarse de leer; y más reprehensible acabar de escribir lo que cualquiera se arrepiente de acabar de leer.
Eres el espejo de una Andalucía Que sufre pasiones gigantes y calla, Pasiones mecidas por los abanicos Y por las mantillas sobre las gargantas Que tienen temblores de sangre, y de nieve Y arañazos rojos hechos por miradas.
Fray Ambrosio, pálido de cólera, levantó los brazos escuetos, gigantescos, amenazadores: Sobre su cabeza siempre temblona, bailoteaban las manos de rancio pergamino: —¡Calla, lengua de escorpión!...