Ejemplos ?
-¡Qué hermoso es el mundo! -exclamó la oruga-. ¡Cómo calienta el sol! Todos están contentos y satisfechos. Y lo mejor es que uno de estos días me dormiré y, cuando despierte, estaré convertida en mariposa.
Cuando estaba fuera de casa se había mojado los pies, nadie sabía cómo, pues el tiempo era completamente seco. Su madre lo desnudó y acostó, y, pidiendo la tetera, se dispuso a prepararle una taza de té de saúco, pues esto calienta.
Todas las noches se sienta su sombra junto a mi lecho; y apoyándose en el pecho donde abrigo a su amor di, con presión que no calienta, con voz que apenas percibe mi oído que la recibe, me pregunta: «¿Me amas, di?» Y yo siento que mi aliento flaco y lento le responde: «¡Te amo, sí!» Y la sombra enamorada en mi frente un beso deja, y a pesar suyo arrastrada por la atmósfera se aleja, y exclama desesperada: «¡Me ama!, ¡le amo… y le perdí!
Y cuando lo hube obedecido: —Ya ves —continuó—, es un viejo cuero endurecido bajo los golpes que no se calienta más que con los excesos más increíbles.
MENSAJERO 1º Rebaños de terneros hace poco en las rocas llevaba a las alturas, cuando el sol arroja sus rayos y calienta la tierra.
el cielo está opaco, el aire frío, el día triste. Flotan brumosas y grises melancolías... ¡Pero cuánto calienta el alma una frase, un apretón de manos a tiempo! ¡Hasta la vista!
Es pequenno el grano de la buena pimienta, pero más que la nues conorta et calienta; ansí duenna pequenna, si todo amor consienta, no ha plaser del mundo que en ella non sienta.
Tampoco se puede decir que el sol calienta primero a la atmósfera y, por medio del calor atmosférico, calienta luego a la tierra.
¿Qué más útil cuando calienta, nos cura y pone en sazón lo que necesitamos para nuestro sustento, aunque no haya otro más insufrible cuando nos quema?
Se les deben perdonar sus errores, porque el bien que hicieron fue más que sus faltas. Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas.
Desde hace seis horas tirito, calado de frío, hasta las médulas de los huesos, tendido en el diván de mi despacho sobre el cual ha acumulado Francisco, mantas y pieles que no me calientan, como no me calienta el claro fuego que arde en la chimenea.
Oye: en la tierra que me vio nacer hay un río caudaloso que se precipita en raudo salto desde las alturas de la altiplanicie fría hasta el fondo del cálido valle donde el sol calienta los follajes y dora los frutos de una flora para ti desconocida.