calesa

(redireccionado de calesas)

calesa

(Del fr. caleche < alem. kalesche < checo kolesa, carruaje.)
s. f. Coche de dos ruedas, tirado por una caballería, con la caja abierta por delante y capota en la parte de atrás.

calesa

 
f. Coche de dos o cuatro ruedas, con la caja abierta por delante, dos o cuatro asientos y capote de vaqueta.
Traducciones

calesa

stage, buggy, gig

calesa

calesse

calesa

SFchaise, calash, buggy
Ejemplos ?
Por fin, cansados los ojos, cerraba sus párpados, y veía en las tinieblas retorcerse al viento farolas de gas con estribos de calesas, que bajaban con gran estruendo ante el peristilo de los teatros.
Según aparece en el legajo número 9 del archivo del Consulado, entre los 158 coches y las 828 calesas que por entonces pagaban contribución fiscal, eran los vehículos de mi señora la marquesa los que figuraban en primera línea.
Es el que rinde marquesas locas; muerde las fresas de bellas bocas de las devotas de las Salesas; todas le quieren, todas le admiran y sonrientes todas le miran desde los tronos de sus calesas.
Hasta mediados del siglo XVII no se conocían en Lima más carruajes que las carrozas del virrey y del arzobispo y cuatro o seis calesas pertenecientes a oidores o títulos de Castilla.
Este fastuoso cortejo se dirigía a la Alameda de los Descalzos, invadida con anticipación por todas las calesas y carruajes de la ciudad; recorría después las principales calles, se detenía en la puerta de la que fue casa de Francisco Pizarro, donde el Alférez Real batía el estandarte, y por fin se dispersaba en el domicilio del alcalde de primer voto.
Llegado el conde de Lemos a la portería, llamó a fray Diego y a cuatro sacerdotes de los más influyentes en el partido criollo, y sin atender a razones, protestas ni latinos, los enjauló en las calesas y los mandó al Callao.
Insistió el virrey, obstinose Urrutia, y su excelencia cortó por lo sano, dirigiéndose con buena escolta y dos calesas con las cortinillas corridas al convento de San Agustín.
Con su pelo trenzado, su vestido blanco y sus zapatitos de «prunelle»24 escotados, tenía un aire simpático, y los señores, cuando regresaba a su puesto, se inclinaban para felicitarla; el patio estaba lleno de calesas, le decíán adiós por las portezuelas, el profesor de música pasaba saludando con su caja de violín.
Así es que amanece el lunes, y parece que los habitantes de Madrid no han vivido los siete días de la semana sino para el día en que deben precipitarse tumultuosamente en coches, caballos, calesas y calesines, fuera de las puertas, y en que creen que todo el tiempo es corto para llegar al circo, adonde van a ver a un animal tan bueno como hostigado, que lidia con dos docenas de fieras disfrazadas de hombres, unas a pie y otras a caballo, que se van a disputar el honor de ver volar sus tripas por el viento a la faz de un pueblo que tan bien sabe apreciar este heroísmo mercenario.
Otros servicios que existen en la ciudad son los taxis, más cómodos que los autobuses y las calesas motorizadas, vehículos de tres ruedas algo más baratos que los taxis pero expuestos al calor y humo de la calle.
Allí aparecen majos, ferientes, vendedores y todo tipo de paseantes y vehículos: desde cabriolés y calesas hasta berlinas, carrozas y tartanas, para el desplazamiento de las gentes más humildes.
Las atracciones ambulantes que en otros lugares llaman barracas o calesas son tradicionalmente conocidas en Sevilla como cacharritos, y llegan a la ciudad desde diversos puntos de España en número superior a cien, lo que convierte a la Calle del Infierno en el mayor parque de atracciones provisional del país.