calderero

calderero, a

1. s. OFICIOS Y PROFESIONES Persona que hace o vende objetos de calderería.
2. OFICIOS Y PROFESIONES Persona que cuida de una caldera.
Traducciones

calderero

calderaio, ramaio

calderero

chaudronnier

calderero

Boilermaker

calderero

Boilermaker

calderero

Boilermaker

calderero

Boilermaker

calderero

Boilermaker

calderero

Grovplåtslagare

calderero

SMboilermaker
calderero remendóntinker
Ejemplos ?
Sólo en una ocasión se le ocurrió proponer una cosa (no sé cómo se le ocurrió aquello); el caso es que propuso que me dedicase a calderero.
pues esa chica, que la llaman así. -¿Y por qué la llaman así? -Porque es hija de un calderero. -¡Ave María Purísima! -¿Y tampoco sabe usté cómo llaman a la que iba a mi izquierda?
Como Eustaquio iba a formar parte de la ronda gremial, y como no quería, al igual que el honrado maese Goubard, desempeñar su oficio con traje burgués y con una alabarda prestada, se compró una espada de cazoleta, pero sin cazoleta, una celada y una loriga de cobre rojo que parecía de calderero, y después de pasarse tres días limpiándolas y bruñéndolas consiguió darles el lustre que no tenían; pero cuando se puso todo ello y se paseó orgulloso por la tienda preguntando si tenía gracia para llevar la armadura, el arcabucero se echó a reír a mandíbula batiente y aseguró que parecía llevar puesta la batería de cocina.
Y ya sobre el terreno, después de mirar un punto a los cuatro cardinales y saludar por un lado al mar que se une al cielo en una línea azul y esplendorosa; a los montes que recortan el horizonte de zafir con sus cumbres onduladas por otro, y por los otros a la población donde hierve la vida, lléguense conmigo a un grupo donde lucen sus dotes personales tres de los más caracterizados prohombres de la gitanería malagueña, o sean, Currito Heredia, Antonio Alcaide y Joseíto Carmona, más conocidos por el Trompeta, el Guitarrista y el Niño del Calderero.
-¡A la guardia!, ¡a la guardia!, que se matan -gritó interponiéndose entre ambos la señá Pepa la Madrugona, y -Ve con la Divina y con tos sus querubines que ya nos veremos; que yo te juro que nos veremos -exclamaba momentos después el tío Cerote, procurando inútilmente desasirse de los que lo sujetaban para acometer al Calderero, al que se llevaban casi en volanda algunos de los vecinos que habían acudido al desesperado gritar de Pepa la Madrugona.
-Que Dios sus guarde, caballeros -digo yo, colocándole fraternalmente una mano en el hombro al Niño del Calderero, no sin antes ponerme de un choclazo el cordobés en la mismísima coronilla.
Cuando la noticia de lo que había pasado llegó a oídos del Melindres, ilustre unigénito del Calderero, que llegó por conducto de Joseíto el Tulipa, uno de sus compadres de más alta jerarquía, quedose meditabundo el muchacho, enarcó las pobladas cejas, rascose sin necesidad la cabeza, echándose al hacerlo, sobre la frente el amplísimo pavero, y murmuró con voz de un tantico alcoholizadas inflexiones: -Pos lo siento, chavó, porque eso puée traer su miajita de cola.
León huía; porque le parecía que su amor, que desde hacía casi dos horas se había quedado inmóvil en la iglesia como las piedras, iba ahora a evaporarse, como un humo, por aquella especie de tubo truncado, de jaula oblonga, de chimenea calada que se eleva tan grotescamente sobre la catedral como la tentativa extravagante de algún calderero caprichoso.
La broma de un amo y su criado, cambiando sus ropas en presencia del público; de unos marineros náufragos, peleándose por el reparto de un lote de magníficos trajes; de un calderero a quien han vestido de duque durante su borrachera, puede ser considerada como una parte de ese gran papel que ha desempeñado el traje en la comedia, desde Aristófanes hasta Mr.
Pues, estando en tal aflicción, cual plega al Señor librar della a todo fiel cristiano, y sin saber darme consejo, viéndome ir de mal en peor, un día que el cuitado ruin y lacerado de mi amo había ido fuera del lugar, llegóse acaso a mi puerta un calderero, el cual yo creo que fue ángel enviado a mí por la mano de Dios en aquel hábito.
n muchacho gallego, que estaba en Sevilla sirviendo en una tienda de comestibles, era íntimo amigo de un gitano calderero, a quien siempre que con él salía a pasear ponderaba la fertilidad de Galicia.
¿Se ha estáo esta noche de imaginaria? -preguntó Pepe el Sincamisa con voz irónica al señor José el Calderero. -No, hijo mío -repúsole éste sonriendo de modo casi evangélico-; de lo que vengo es de partear a tu hermana la soltera.