Ejemplos ?
¡Oh, mis pobrecitos pies! ¡Me pregunto quién os pondrá ahora vuestros zapatos y vuestros calcetines! ¡Seguro que yo no podré hacerlo!
Miré. En efecto, era yo. Estaba en camisa, sin calzoncillos, pero con calcetines. Me puse a vestirme; a amortajarme, quiero decir.
Pero en fin, quise empezar a mudarme los calcetines, porque la humedad me molestaba mucho, y además quería ir limpio al cementerio.
Lleva unas uñas muy sucias y una barba de tres días. Mientras él va a visitar a sus enfermos, ella se queda zurciendo calcetines.
No cabe duda; por dentro como por fuera. Los calcetines como el pensamiento, el corazón como la camisa elástica; ¡todo blanco! ¡Todo en orden!
Al amigo lo llamaban su A.P. Llevaban prendas entresacadas del Ejército; boinas, zapatos de montaña con calcetines hasta la rodilla...
En Current Biography, de 1986, cuenta que cuando dejó la Armada en 1959, Nader, que es famoso por su frugalidad y su objeción al comercialismo, realizó una última visita al economato de la Armada y compró doce pares de zapatos y cuatro docenas de sólidos calcetines militares de algodón, que, todavía por entonces a mitad de los ochenta, no había gastado.
La selección Austriaca solía jugar con los colores similares a los de la selección alemana que eran camiseta blanca, pantalón negro y calcetines negros (los alemanes los llevan blancos).
Con la nimiedad de atención que no pierden las mujeres ni aun en las más terribles y solemnes circunstancias, habían reparado en la finura de la camisa, en la riqueza del reloj, en la pulcritud de su persona y en las coronitas de Marqués de los calcetines del paciente.
Pero ahora me voy al cuarto del seminarista, a colgarle los tirantes del espejo y a meterle los calcetines en la jofaina; creerá que el ponche era demasiado fuerte y que se le subió a la cabeza.
Y ahora digo yo: Si el arte consiste en que las hijas olviden a los padres que por ellas se sacrificaron, digo que me futro en el arte y que más me alegraría encontrarme a mi Concha al entrar en casa remendando mis calcetines.
Las ideas modernas disolvían, y la aristocracia, por su parte, contribuía al escándalo. Hasta que se zurciesen muchos calcetines no cabía salvación.