calabozo


También se encuentra en: Sinónimos.

calabozo

(Del lat. vulgar *calafodium < lat. cala, lugar protegido, cueva + foedere, cavar.)
1. s. m. Celda en que se encierra a los detenidos.
2. Celda donde se incomunica a los presos.

calabozo

(Problablemente de origen prerromano.)
s. m. AGRICULTURA Herramienta cortante semejante a una hoz, usada para podar y rozar árboles y matas.

calabozo

 
m. Lugar seguro, gralte. subterráneo, para encerrar presos.
Aposento de cárcel, para incomunicar a un reo.

calabozo

(kala'βoθo)
sustantivo masculino
lugar donde se encierra a los presos calabozo de la cárcel
Sinónimos

calabozo

sustantivo masculino
mazmorra, celda, cija (Aragón).
Calabozo y mazmorra son lugares lóbregos, oscuros y subterráneos donde se encierra a los presos.
Traducciones

calabozo

Verlies

calabozo

cachot, prison

calabozo

carcere, segreta

calabozo

زنزانة

calabozo

Dungeon

calabozo

地牢

calabozo

地牢

calabozo

צינוק

calabozo

SM (= prisión) → prison; (= celda) → prison cell (Mil) → military prison (esp Hist) → dungeon
Ejemplos ?
Sonó la una de la noche de tan aciago día: ¡la hora de mi cita con Ramón! Yo estaba encerrado en un calabozo de la cárcel pública de dicho pueblo.
Apenas llegamos salió a nuestro encuentro el calabocero que tenía la costumbre de hacernos entrar en la prisión, para rogarnos que esperásemos un poco y que no entráramos antes de que fuera a buscarnos, porque, dijo, los Once estaban haciendo quitar los hierros a Sócrates en este momento y anunciándole que ha de morir hoy. Momentos después fue a buscarnos y nos abrió la puerta del calabozo.
Promuévele un altercado en la calle; ordena á los alguaciles que lo lleven á la cárcel, por desacato á la autoridad; pono, el amenazado pies en polvorosa; le sacan de Santa Ana, donde había tomado iglesia; enciérranle en un calabozo, y tras darle el Asistente tres horas para encomendarse á Dios, le cuelga, sin más pro- ceso, de la horca.
Cuando la tempestad política se desencadenó contra el mi- nistro de Estado, y el populacho rugía ferozmente pidiendo la cabeza de Monteagudo, éste no quiso partir para el des- tierro sin despedirse de la mujer amada. La atmósfera de Lima tenía para el ex ministro olor de calabozo con humedades de cadalso.
En uno de esos movimientos desesperados, sin saber cómo, me recargué en una de las paredes del calabozo y sentí que mi cuerpo caía hacia atrás; no pude detenerme y me fui de espaldas.
(Salen Juan y Marcos seguidos de los demás.) CARCELERO (Asomándose a la puerta.) (Temblando.) Ya se acercan los rebeldes. DON JULIÁN (Buscando en vano un refugio en el calabozo.) ¡Piedad!
Y los ayes que exhala en su despecho el angustiado mozo, estremeciendo el cóncavo y estrecho y oscuro calabozo, llegan del carcelero hasta el oído, que a su voz suspirando estremecido compadece su afán desde su lecho.
(Se apoderan de los prisioneros y los conducen fuera del calabozo atados codo con codo.) (Salen todos.) TELÓN ACTO CUARTO La decoración representa un campo a orillas de un caserío compuesto de jacales.
¡Ay, pobre amante, cuyo amor tan raro te obliga a recatar tu triste vida con tu razón, y en tu razón perdida tu salvación está! ¡Pobre Genaro, que al hospital del calabozo pasa, cuanto le cuesta caro el hospedaje de su nueva casa!
Péres de León, el Juez de las consignas liberticidas, que tanto se ha distinguido como vil perseguidor de los que marca el rojo índice del Díazpotismo, es quien cierra, con el lujo bárbaro de la incomunicación, el calabozo de la mujer de Paulino Martínez y clausura y decomisa la imprenta de La Voz de Juárez, cuyo propietario es uno de los más ardientes defensores de la paz y el orden actuales, pero que en algún modo se ha visto mezclado en la agitación sufragista que nació de la entrevista Creelman, y que ha llegado a molestar al que quiso dejarla hacer su epifanía.
Y un teniente se empeñó un día en que esto era subversivo, sí, me quitó el libro y hasta en el calabozo dormí yo una noche, por el libro este, pero lo recupere e hice un informe, eso no es subversivo.
Maese Chevassut, que por supuesto no creía en la magia blanca, no pensaba otra cosa sino que había sido burlado y maltratado por aquel joven por alguna razón que no acertaba a explicarse; hizo llamar, pues, a los agentes y les entregó a su hombre bajo la doble acusación de homicidio en duelo y ultrajes de obra a un magistrado en su propio domicilio. Eustaquio sólo volvió en sí al oír los cerrojos del calabozo que le era destinado.