cadera

(redireccionado de caderas)
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cadera

(Del lat. cathedra, asiento, silla < gr. kathedra.)
1. s. f. ANATOMÍA Cada una de las dos partes salientes a uno y otro lado del cuerpo, debajo de la cintura, formadas por los huesos superiores de la pelvis.
2. ZOOLOGÍA Primera de las cinco piezas de que constan las patas de los insectos.
3. ZOOLOGÍA Parte lateral del anca de las caballerías y otros cuadrúpedos.
4. s. f. pl. INDUMENTARIA Y MODA Caderillas, prenda de vestir.

cadera

 
f. anat. Cada una de las dos partes salientes formadas a los lados del cuerpo por los huesos superiores de la pelvis.
Articulación coxofemoral.

cadera

(ka'ðeɾa)
sustantivo femenino
anatomía parte del cuerpo correspondiente a la unión del muslo y el tronco La cadera femenina es símbolo de fertilidad.
Sinónimos

cadera

sustantivo femenino
Traducciones

cadera

hip

cadera

Hüfte

cadera

kokso

cadera

hanche

cadera

anca

cadera

ヒップ, 腰

cadera

bok

cadera

hofte

cadera

lanne

cadera

kuk

cadera

엉덩이

cadera

heup

cadera

hofte

cadera

biodro

cadera

höft

cadera

สะโพก

cadera

kalça

cadera

hông

cadera

cadera

SFhip
ponerse una prótesis de caderato have a hip replacement

cadera

f. hip;
articulación de la ______ joint;
___ de resorte___ snapping;
dislocación congénita de la ___congenital ___ dislocation;
restitución total de la ___total ___ replacement.

cadera

f hip
Ejemplos ?
Que hay quien gusta de unas caras Barnizadas como puertas, Y a merced del albayalde Hechas blancas de morenas, Y de unos ojos que brillan Bajo dos postizas cejas, Y de unos ahuecadores Convertidos en caderas, Y de unos rizos espesos Añadidos con destreza, Y de un punto de que el sastre Forma pechos, brazos, piernas Y cinturas a su gusto Y al de la flaca o la gruesa, Y da académicas formas A gente de alambres hecha.
Pero pronto el mujik se disparó por razones de fuerza mayor, encontrándose en una especie de cielo paroxístico, las sensaciones experimentadas lo aguijonearon, el movimiento se convirtió en una necesidad y comenzó a dar empellones con sus caderas con tanta fuerza y energía que la princesa gritó de deleite.
-Hasta luego -le contestó él; y se alejó silbando un aria de zarzuela, por la calle de Alcalá abajo, mientras Carmen se metía por la de Peligros, moviendo sus caderas, sobre las cuales se mecía un mantón de ocho puntas y exclamando en voz baja: -¡Vaya!
Cuando la mujer se puso a su lado, Jean volvió la espalda y le dijo: ¡Esto es para ti! y le hizo el gesto de golpearse las caderas con las dos manos.
¡Observa los hombros! Han ganado cinco centímetros en anchura en relación a las caderas, comparados con los de la figura que hemos estado examinando.
Sazonado por el sol y el viento de la montaña era aquel cuerpo, en que no intervinieron ni artificio ni deformación civilizadores; obra premiada de naturaleza. Las caderas, el busto bien alto, la proclamaban futura madre de la titanería laboradora.
Al andar, unas veces titubeábanla las caderas, como entre merced y señoría, y otras se balanceaba como barco con juanetes y escandalosa en mar de leva.
El pobre hombre sufría al verla mal vestida, con sus botas sin cordones y la sisa de sus blusas rota hasta las caderas, pues la asistenta apenas se preocupaba de ella.
Entonces vieron adelantarse al estrado a una mujer viejecita, de aspecto tímido, y que parecía encogerse en sus pobres vestidos. Iba calzada con unos grandes zuecos de madera, y llevaba ceñido a las caderas un gran delantal azul.
Después, cien pasos más adelante, se paró de nuevo; y a través de su velo, que desde su sombrero de hombre bajaba oblicuamente sobre sus caderas, se distinguía su cara en una transparencia azulada, como si nadara bajo olas de azul.
Y cubriéndome rápidamente, me acerqué a él como para pedirle excusas, pero advirtiendo que le mostraba la parte delantera de mi cuerpo en la actitud que iba a tomar, se enfureció una vez más: —¡Eh!, no te muevas de como te había colocado, ¡Dios! —dijo, agarrándome por las caderas y poniéndome de modo que sólo le presentase el culo—.
Había terminado el espectáculo, y la Marquesa, levantándose del asiento que antes ocupara, se dirigió hacia el fondo del palco y allí permaneció en pie unos instantes, sin aceptar el abrigo de pieles que le ofrecía su marido, como si quisiera poner de manifiesto ante los ojos de éste y ante los de Jorge (su más asiduo contertulio), todos los maravillosos encantos de su cuerpo; sus hombros redondos, su pecho alto, y bien contorneado, que se desvanecía formando deliciosa curva entre los encantos del corpiño de seda; sus brazos desnudos y frescos, su cintura flexible y sus espléndidas caderas...