cadí


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cadí

(Del ár. qadi, juez.)
s. m. DERECHO Juez, entre los turcos y musulmanes.
NOTA: En plural: cadíes

cadí

 
m. Entre musulmanes, juez que entiende en las causas civiles.
Traducciones

cadí

Kadi

cadí

Кади

cadí

Kadi

cadí

SM (Hist) → cadi
Ejemplos ?
Quedó a la improvisa vista de la singular belleza de la cristiana traspasado y rendido el corazón de Alí, y en el mismo grado y con la misma herida se halló el de Hazán, sin quedarse esento de la amorosa llaga el del cadí, que, más suspenso que todos, no sabía quitar los ojos de los hermosos de Leonisa.
Alá le bendiga a él y a su familia." Marbruk ben Hassan exclamó, mientras pensaba en otras cosas: -Alá se apiade de mí. El cadí, apaciguado de haber exteriorizado su furor, continuó: -Es inútil que intentes eludir la sentencia.
Que los pleitos que ocurrieren entre los moros serán juzgados por su ley y xara, que dicen de la Zuna, y por sus cadís y jueces, como lo tienen de costumbre, y que si el pleito fuere entre cristiano y moro, el juicio dél sea por alcalde cristiano y cadí moro, porque las partes no se puedan quejar de la sentencia.
Y entre aquellos bárbaros, si lo son en esto, el cadí es el juez competente de todas las causas, que las abrevia en la uña y las sentencia en un soplo, sin que haya apelación de su sentencia para otro tribunal.
En esto entró un chauz, que es como alguacil, y dijo que estaba a la puerta de la tienda un judío que traía a vender una hermosísima cristiana; mandó el cadí que le hiciese entrar, salió el chauz, y volvió a entrar luego, y con él un venerable judío, que traía de la mano a una mujer vestida en hábito berberisco, tan bien aderezada y compuesta que no lo pudiera estar tan bien la más rica mora de Fez ni de Marruecos, que en aderezarse llevan la ventaja a todas las africanas, aunque entren las de Argel con sus perlas tantas.
El cadí pensó: "Evidentemente, el ciego sería portador de algún mensaje que permitiría establecer quién era el vendedor de armas que las conducía a Fez.
Había bailado en Taza, la ciudadela de los bandidos; conocía todos los bebederos de té, desde Uxda 2L Rabbat, en Tremecén. Un cadí enloqueció al perderla.
Nadie tenía que reprocharle nada, salvo, naturalmente, el asesinato de Azerbaijan aunque no existía sobre la tierra una sola persona que en aquel momento se acordara del hombre muerto cerca de la Silla del Buda. Un gendarme se detuvo frente a Mahomet: -Mi cadí quiere hablar contigo.
Su hermana era una de las cuatro esposas del Sultán; su hermano, un fiel servidor de los franceses; su padre, el primer cadí o juez de la ciudad.
La barba le llegaba hasta el estómago, y la capucha de su capa escarlata encuadraba un fino rostro arrugado, ligeramente achocolatado, de líneas muertas y mirada joven, falsa y cruel. Era su padre, el cadí de Fez.
-¿El cadí? -Parece que un traficante, envidioso de tu prosperidad, te acusa de estar en tratos con contrabandistas de seda. -Vete, que ya iré a ver a mi juez.
El cadí, con voz cansada dio noticias: -Tu madre estuvo enferma, pero bebió leche hirviendo en la cual había bañado una hoja del Corán, y su salud se restableció.