cachiporra


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cachiporra

(Voz mozárabe.)
1. s. f. Palo que termina en una bola o cabeza abultada.
2. adj. Argent., Chile Se aplica a la persona farsante y vanidosa.

cachiporra

 
f. Palo enterizo que tiene en un extremo una cabeza abultada.

cachiporra

(kat∫i'pora)
sustantivo femenino
palo de cabeza redondeada para golpear El golpe de la cachiporra lo dejó inmóvil.
Sinónimos

cachiporra

sustantivo femenino

cachiporra:

paloestaca, maza, porra, tranca,
Traducciones

cachiporra

bludgeon, billy

cachiporra

SF
1. (= porra) → truncheon, cosh, (billy) club (EEUU)
2. (Cono Sur) (= jactancioso) → braggart
Ejemplos ?
Curro comprendía todo esto, presentía algo que le llenaba el corazón de frío, y una tarde en que a solas con sus amarguras pensaba lleno de ira y sentimiento en el desvío de la hembra que tan mal le pagaba sus sacrificios: -¿Se puée pasar?-preguntó desde la puerta el señor Juan el Cachiporra...
Por su parte, Miguel de Cervantes, en el capítulo XI de la segunda parte del Quijote, habiéndose topado el ingenioso caballero en el camino con una carreta de cómicos de la legua, describe al que oficia de bojiganga con estas palabras: "El que guiaba las mulas y servía de carretero era un feo demonio." Luego completará la descripción detallando que va vestido con cascabeles, da saltos, hace piruetas y baila; y para terror y diversión del público usa como cachiporra un palo con vejigas de vaca hinchadas (las «voxigas» citadas por la Real Academia en su escueta definición).
Impulso de blandir la cachiporra nunca a nadie inspiró la mazamorra, que ella no daba bríos para andarse buscando desafíos, ni faltar al respeto cortesano a la mujer, al monje o al anciano.
El tío Cachiporra se hizo todo orejas para poder entender lo que el Cachete le decía con voz gutural y ronca, y con los ojos bajos y alisando con las uñas el ribete del mugrientísimo sombrero y con acento un tantico emocionado le repuso: -Pos sí, a mi casa.
y...» Y el tío Cachiporra tuvo que cerrar los labios en aquel momento: el Cachete habíase incorporado rígido, descompuesto, en lucha tremenda con su organismo en ruinas; de una manotada había despedido de sí la cobertura y descubierto su cuerpo escuálido y sudoroso, haciendo desesperados esfuerzos por arrojarse de la cama.
Y desdeñando ofertas y llorando sus pesadumbres en los brazos de su vieja, ganándose el sustento en el corralón de Los Cristos seguía Rosario, cuando una noche en que, rendida por el trabajo y acongojada por la enfermedad del Cachete, de la cual desde un principio había tenido noticia, dormitaba reclinada contra la pared sin osar hablar a su madre de lo que le dolía en el corazón, empujó suavemente la puerta de la sala el Cachiporra y sin, en aquella ocasión, solicitar el necesario permiso, colóse de rondón en ella, con el sombrero encasquetado hasta casi los ojos, las manos en los bolsillos de la cien y cien veces zurcida chaqueta y la cara triste y la expresión meditabunda.
¡Pos ni que entrara usté en un gallinero! -¿Qué es lo que le trae a usté por aquí?-preguntóle Rosario, algo alarmada por la inesperada visita del Cachiporra.
Sentóse el Cachiporra, y tras mirar de hito en hito durante algunos instantes al enfermo con aire preocupadísimo, díjole a éste con acento un tantico tembloroso: ¿A que no sabes tú por qué he vinío yo hoy?
Míster Micawber, sin oírla, continuó: «Aparezco ante ustedes para denunciar al mayor sinvergüenza que ha existido -míster Micawber, sin levantar la vista de la carta, apuntó con la regla, como si fuese la cachiporra de un aparecido, a Uriah Heep-, y les pido consideraciones para mí.
Y abrió sus ojos Curro, y a la luz de plata de la luna vió el rostro bellísimo y conmovido de la que fue su compañera, y no pudo proferir una frase, y se reclinó llorando en su seno, mientras también en la puerta de la sala enjugábase los ojos el señor Juan el Cachiporra en la manga de la zurcidísima chaqueta.
En el programa de las piezas que se representaron había un entremés atribuido a Cervantes; el Auto de los Reyes Magos, con transcripciones musicales de Falla, sentado al piano; y una adaptación 'lorquiana' para títeres de cachiporra del cuento andaluz "La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón".
Shakespeare. "Ricardo III" - W. Shakespeare. "Los Títeres de Cachiporra" - F. García Lorca. "La Gata sobre el Tejado de Zinc Caliente" - T.