Ejemplos ?
Y por la parte de el Norte, confina y tiene sus términos dicha parroquia, con la parroquial de San Antolín de Bedón, do dicen Bostelices y corro el Canto de Bedón; y por la parte de el Nordeste tiene sus términos dicha parroquial con el río de Bedón, y todo el río arriba hasta llegar a Vibaño y sus términos; y por la parte de el Sur dicha parroquia confina y tiene sus términos con la parroquial de San Pedro de Vibaño, do dicen la Riega de el Cueto de la Gigar que pasa por los prados de Rales que dicha riega va a la riega, y a Cabrahigo, y al castillo de Rales.
Los ríos más importantes son, además del Guadalmez con los arroyos tributarios de Buenas Yerbas y Pedro Moro, el Yeguas que forma un valle estrecho y profundo con los arroyos de Cabrahigo, Manzano, Espino, Carrizo, Anguijuela, Alamedilla, Fraile, Cantareras, Zocarejo, Valdecañas y Robledillo.
Pues, ea, sé compasivo, quédate en la torre —¡no hagas a un niño huérfano y a una mujer viuda!— y pon el ejército junto al cabrahigo, que por allí la ciudad es accesible y el muro más fácil de escalar.
Los teucros corrían por la llanura, deseosos de refugiarse en la ciudad, y ya habían dejado a su espalda el sepulcro del antiguo Ilo Dardánida y el cabrahigo; y el Atrida les seguía el alcance, vociferando, con las invictas manos llenas de polvo y sangre.
Ya anteriormente habíale hecho prisionero encaminándose de noche a un campo de Príamo: Licaón cortaba con el agudo bronce los ramos nuevos de un cabrahigo para hacer los barandales de un carro, cuando Aquileo, presentándose cual imprevista calamidad, se lo llevó mal de su grado.
Corrían siempre por la carretera, fuera del muro, dejando a sus espaldas la atalaya y el lugar ventoso donde estaba el cabrahigo, y llegaron a los dos cristalinos manantiales, que son las fuentes del Janto voraginoso.
Si Lucina te asistió alguna vez en partos verdaderos, te suplico por tus hijos, por este vano honor de la púrpura, por Jove que reprueba tus maldades, me digas qué te mueve a mirarme como ceñuda madrastra o como fiera castigada por el hierro.» Apenas el niño tembloroso prorrumpe en tales lamentos, despojando del vestido su tierno cuerpo que podría enternecer el pecho feroz de un tracio, Canidia, ceñida la fronte y el áspero cabello de rabiosas víboras, ordena quemar en las llamas de Colcos las ramas del fúnebre ciprés y del cabrahigo que crece en los sepulcros, los huevos de la inmunda rana teñidos en sangre, las plumas del búho nocturno, las hierbas que produce Yolcos o Iberia, fértil en venenos, y los huesos arrancados a la boca de una perra hambrienta.