cabestro


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cabestro

(Del lat. capistrum.)
1. s. m. EQUITACIÓN Cuerda que se ata a la cabeza o al cuello de la caballería para conducirla o sujetarla. ronzal
2. TAUROMAQUIA Buey manso que sirve de guía a las reses bravas con los cabestros sacaron al toro de la arena.
3. INDUMENTARIA Y MODA Cabestrillo, cadena delgada que se usaba como adorno.
4. coloquial Persona torpe, de poca maña y malas intenciones.

cabestro

 
m. Ramal que se ata al cuello de la caballería para llevarla o asegurarla.
Cabestrillo (cadenilla).
taur. Buey manso que suele llevar cencerro y sirve de guía.

cabestro

(ka'βestɾo)
sustantivo masculino
1. bullfighting buey manso El cabestro guiaba el grupo de reses.
2. horsemanship correa que se ata al cuello de las caballerías para sujetarlas Se sujetó fuertemente del cabestro y comenzó a cabalgar.
3. fashion cadena delgada de adorno Llevaba un cabestro fino de oro.
Sinónimos

cabestro

sustantivo masculino

cabestro:

bridacastrado, ronzal, cuerda, bozo, dogal, eunuco, bozal,
Traducciones

cabestro

halter

cabestro

capestro

cabestro

SM
1. (= brida) → halter
llevar a algn del cabestroto lead sb by the nose
2. (= buey) → leading ox, bell-ox
3. (= cornudo) → cuckold; (= lerdo) → thickie
Ejemplos ?
Solía ir a ver su olivar, caballero en un hermosísimo burro que poseía; pero el tío Cándido era muy bueno, pesaba mucho, no quería fatigar demasiado al burro y gustaba de hacer ejercicio para no engordar más. Así es que había tomado la costumbre de hacer a pie parte del camino, llevando el burro detrás asido del cabestro.
—Luego, monseñor, hay que llevarlo del cabestro, pasearlo así durante una hora por la habitación, él rebuzna, una lo monta y lo azota por todo el cuerpo con una varilla, como para hacerlo correr.
En el mismo momento de tropezar el caballo, el jinete boleó la pierna, soltó la rienda, y se quedó impasible, de pie, esperando -sin dejar la punta del largo cabestro- que el mancarrón que todavía tambalea, se venga, después de un corto momento de reflexión sobre la instabilidad de las cosas de este mundo, a tenderse largo a largo, a los pies del amo.
-«Toma el mío», le dijo otro esquilador; y ligero, saltó y echó a correr al galope, dando una vuelta bien abierta, para no asustar al gateado que todavía no había tomado vuelo, ni desparramado las pilchas, y cortándole pronto el paso, lo agarró, sin bajar, del cabestro y lo trajo al tranco hasta el palenque.
Y con las riendas y el cabestro atados en el pescuezo, prendido de la argolla del bozal un lazo, lo hacen levantar y caminar, con las patas maneadas, y salido del corral, tambaleando, tembloroso, furioso y violentamente asustado, se encuentra cara a cara con el hombre.
Quiso tratar de detenerlo, prendiendo fuego, él mismo, en contra de la ráfaga de llamas que se venía; se bajó, y dando el cabestro a su ayudante, prendió un fósforo; apenas tuvo tiempo de volver a subir a caballo.
Saltó a caballo, el muchacho, y dando vueltas entre las lomas, de modo que siempre le tapasen el bulto, apareció de repente a pie, tirando el mancarrón del cabestro, y arreando despacio los carneros, como después de haberlos pastoreado con la mayor vigilancia.
Y al salir el sol, el día siguiente, estaba el amigo José ensillando, con todo esmero, un malacara medio petizón, pero guapo, teniendo atado al palenque con buen bozal y cabestro largo, un caballo rosillo alto, delgado y bastante inquieto.
No se enojó; pero quiso dar una lección al petizo,-un animal de dieciséis años, ¡figúrese!- Lo llevó al palenque, y allí, lo ató, pero no del cabestro, sino de la cincha, «para que aprendás», le decía, y le pegó un buen rebencazo.
Si es forastero, seguirá todavía, por un buen rato, y por ambos lados, la indagación muda y discreta de los ojos, mientras, despacio y con el cuidado requerido para evitar disparadas, el recién venido esté formando, con el cabestro, algún nudo de experta combinación, de estos que parecen algo sueltos, por lo poco complicados, -hay nudos así, en la vida-, pero que con los tirones del caballo, se cierran, quedando fáciles de desatar, sólo para el amo.
Ensillado el malacara, desató el rosillo y montó, teniendo bien arrollado el cabestro con la mano derecha; pero el rosillo era asustadizo, y al verlo montar, pegó para atrás un tirón que casi lo voltea, volviendo sobre sí y queriéndose encabritar.
iños del mundo, si cae España -digo, es un decir- si cae del cielo abajo su antebrazo que asen, en cabestro, dos láminas terrestres; niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!