cabecilla


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cabecilla

1. s. m. y f. Jefe de una sublevación eliminando a los cabecillas, abortaron la insurrección.
2. POLÍTICA, SOCIOLOGÍA Persona que está al frente de un movimiento o grupo político o cultural. líder
3. coloquial Persona que se comporta con maldad o poco juicio.
4. s. f. Conjunto de dobleces con que se cierran algunas clases de cigarrillos para que no se caiga el tabaco.
5. TEXTIL Remate que se hace en los extremos de un ojal.

cabecilla

 
com. Jefe de un grupo de personas que no están de acuerdo con una situación y luchan contra ella.
f. Conjunto de dobleces con que se cierra el tubo de papel de algunas clases de cigarrillos para que no se caiga la picadura.
Sinónimos

cabecilla

cosustantivo masculino
Ejemplos ?
Concluirían los asaltos y el terror supersticioso que supo imponer ese cabecilla peligroso cuyo apodo vibraba en boca del enemigo con entonación de ira.
¿A quien sabes que es enemigo, a quien ves que habrá de ser el artífice de la guerra, a quien conoces que aguardan en el campamento enemigo como cabecilla, al autor del crimen, al príncipe de la conjura, al que levantado en sedición a siervos y ciudadanos descarriados, a ése vacilas en expulsarlo, de suerte que parece, no que lo has desterrado de la ciudad, sino que lo has traído a ella?
La justicia sumarísima de la Temis marcial fue ayudada en su ceguera por el egoísmo y el miedo del verdadero cabecilla y por el rencor de sus compañeros.
El señor cenará conmigo. Un cuarto de hora después servían al cabecilla y a su huésped. Jacinto estaba desfallecido de hambre; cuando probó las apetitosas magras de jamón y mojó los labios en el vino generoso del Priorato -el Zurdo se trataba a cuerpo de rey-, su actitud reservada cambió insensiblemente y empezó a fantasear con optimismo el porvenir.
De la noche a la mañana. Desapareció con su padre, que era un antiguo cabecilla carlista, muy bruto, muy celoso de la honra... Yo la había comprometido, es cierto, pero de todos modos...
Añadió su merced que aquello era una indecencia sin nombre, y que para ponerle coto á tiempo, antes que, alentándose con la impunidad ó desentendencia de los oficiales de justicia, llevaran el desacato y el insulto a personas de calidad, había echado guante á los turbulentos, empezando por el cabecilla que era un chileno, mocetón de veinticinco años, el cual iba, a caballo, batiendo una bandera de tafetán colorado, enarbolada en la punta de una caña de dos varas de largo.
Ni aun preguntaba adónde le llevaban así; seguro estaba de que no era a cosa buena, porque ya conocía de oídas la siniestra fama del Zurdo, el cabecilla en cuyas garras había caído, y como no esperaba misericordia, quería al menos morir en actitud de caballero y de valiente.
Dondequiera que la revolución necesitaba de su actividad, allá iba él, hubiera o no dinero, porque sabía abrirse camino a fuerza de astucia, de energía y de sacrificios. Ese fue el Otilio Madrid, a quien llamaron el cabecilla de los bandidos de Palomas.
Los realistas mayobambinos se batieron desesperadamente; mas viéronse en breve arrollados y puestos en fuga, cayendo prisionero el cabecilla Sánchez, quien fue fusilado sin ceremonia.
Después de la inicua traición de Maroto, bautizada en la historia con el hipócrita nombre de Abrazo de Vergara sólo las tropas del cabecilla Cabrera continuaron batiéndose con bra- vura, en el Maestrazgo de Aragón, contra los isabelinos.
Era orden del cabecilla que se le llevasen directamente los prisioneros, de los cuales sacaba, con su astucia característica de leguleyo, con su cautela de perseguidor y perseguido que combate empleando la precaución tanto como las armas, noticias e indicaciones útiles.
¿Le tomaban por un niño o por un delator? Venía prevenido; sabía el fin de las preguntas capciosas del cabecilla. -Perdone usted; no quiero hablar de eso ni de nada...