Ejemplos ?
La opinión mía es que estos caballeros se toman y se mandan por avión a cualquier parte, e incluso, por el camino los van tirando abajo.
De porte distinguido, impecablemente vestido, mostraba el señorío de esos caballeros españoles que hemos visto en las telas de El Prado y Toledo.
-Pos mía tú, si te parece nos metemos aonde no mos puean ver como no suban en globo. -Es lo mejor, que no tengo yo ganas de tonteos con estos caballeros que por horas y por minutos van afinando la puntería.
Cuando se hubo ido el mozo, llenó las copas el señor Pepe cerrando los ojos para probar su maestría como escanciador y sin que se derramara una gota al hacerlo, y después de entregarle una a cada uno de sus amigos, exclamó levantando la suya y contemplando al trasluz su contenido que brillaba como un topacio: -Por ustedes, caballeros.
Paco Cárdenas, grave y cejijunto, fumaba silencioso, recostado contra la pared, próximo a los que tallaban, y cerca de él le observaba con disimulo el tabernero, que no confiaba mucho en lo que de modo tan decidido hubo de decirle aquél en la noche anterior, al oírle lamentarse de la ausencia del Gallareta, que le dijo: -Pos si usté quiere y me da lo mismo que al otro, yo le prometo a usté que no va a haber quien diga ni pío tan siquiera tan y mientras esté yo arrimao a la mesa del tapete. Pronto cundió la chilla de que Paco Cárdenas era el sustituto del Gallareta, y -¡Camará, mucho cudiao, caballeros!
Y es que el rey de Damasco había hecho aquellos días pregonar gran fiesta, a causa de la cual con gran pertrecho llegaban caballeros en respuesta.
Y, endispués de decir esto, se fue pa el Zamora, alevantó el retaco, cogío por el cañón, y ¡vaya si tiée duros los cascos el Zamora, caballeros!
A París consignó seis mil arqueros bajo la altiva enseña de Eduardo, y dos mil o más veloces caballeros que siguen como guía a Armán gallardo.
-Yo nací en Alcalá de los Gazules, jeché los colmillos en Estepa y me afeité por primera vez en Jerez de los Caballeros. -Pos yo di er primer jipío en Teba, pero como los que me trujieron ar mundo eran trajinantes, pos trajinando, trajinando, se puée icir que me he criao en las provincias de Jerez, de Graná, de Málaga y de Armería.
eunidos en el patio de la casa, que inundaba la luna con sus argentados resplandores y una frondosísima dama de noche llenaba de cálidos perfumes, charlaban animadamente varios de los más caracterizados prohombres del barrio, entre los cuales oficiaba de pontífice máximo el señor Curro el Cotufas -decano de la gente de ácana del distrito-, un casi ochentón de tez rugosa y pelo blanquísimo, el cual en los momentos en que lo sacamos a escena decía a los que lo rodeaban: -Lo que yo sus digo, caballeros, es que lo que ha hecho el Tobi con su chanelo con Joseíto el Carambuco está pidiendo a voces que lo manden no a Ceuta ni a Melilla, ni al Peñón, sino a ca del veterinario a que le ponga dos pares de calzapollos.
-Vamos, caballeros -dijo el Tulipa, que presenciaba la borrascosa escena tamborileando tranquilamente con los dedos en uno de los cálices vacíos-, que no hay razón pa que a dos hombres tan de chipé como lo seis dambos se les agrie la saliva.
Cuando más engolfados y abstraídos estaban todos, al parecer, en sus respectivos quehaceres, -Ya tenemos ahí a esos caballeros -dijo Joseíto sumando uno más a la larga serie de sus matinales bostezos.