cañizar

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cañizar

 
m. Cañizal.
Ejemplos ?
LORENZA Que no quiero riquezas, señora Hortigosa; que me sobran las joyas, y me ponen en confusión las diferencias de colores de mis muchos vestidos; hasta eso no tengo que desear, que Dios le dé salud a Cañizares: más vestida me tiene que un palmito, y con más joyas que la vedriera de un platero rico.
Tu madre, hijo, se llamó la Montiela, que después de la Camacha fue famosa; yo me llamo la Cañizares, si ya no tan sabia como las dos, a lo menos de tan buenos deseos como cualquiera dellas.
Colgó la Cañizares el candil de la pared y con mucha priesa se desnudó hasta la camisa; y, sacando de un rincón una olla vidriada, metió en ella la mano, y, murmurando entre dientes, se untó desde los pies a la cabeza, que tenía sin toca.
Desde sus primeros años se inició en el Magisterio, prestando sus servicios en Portovelo (Zaruma): continuó en Quito en el Colegio "Fernández Madrid" y "Simón Bolívar"'; en la Escuela Anexa "Guayaquil" y en el Normal "Manuela Cañizares", como catedrática de Inglés.
COMPADRE ¿Tiene celos, señor compadre? CAÑIZARES Del sol que mira a Lorencita, del aire que le toca, de las faldas que la vapulan.
Acudió la gente del hospital, y, viendo aquel retablo, unos decían: Ya la bendita Cañizares es muerta; mirad cuán disfigurada y flaca la tenía la penitencia; otros, más considerados, la tomaron el pulso, y vieron que le tenía, y que no era muerta, por do se dieron a entender que estaba en éxtasis y arrobada, de puro buena.
Y si en esto consistiera volver nosotros a la forma que dices, ya lo hemos visto y lo vemos a cada paso; por do me doy a entender que no en el sentido alegórico, sino en el literal, se han de tomar los versos de la Camacha; ni tampoco en éste consiste nuestro remedio, pues muchas veces hemos visto lo que dicen y nos estamos tan perros como vees; así que, la Camacha fue burladora falsa, y la Cañizares embustera, y la Montiela tonta, maliciosa y bellaca, con perdón sea dicho, si acaso es nuestra madre de entrambos, o tuya, que yo no la quiero tener por madre.
LORENZA Encomiendo yo al diablo sus maestrías y sus llaves. : Entra CAÑIZARES CAÑIZARES ¿Con quién hablábades, doña Lorenza? LORENZA Con Cristinica hablaba.
Tenga vuesa merced desa punta, señora mía, y descojámosle, porque no vea el señor Cañizares que hay engaño en mis palabras; alce más, señora mía, y mire cómo es bueno de caída, y las pinturas de los cuadros parece que están vivas.
CAÑIZARES Miradlo bien, doña Lorenza. LORENZA Digo que hablaba con Cristinica: ¿con quién había de hablar? ¿Tengo yo, por ventura, con quién?
CAÑIZARES No querría que tuviésedes algún soliloquio con vos misma, que redundase en mi perjuicio. LORENZA Ni entiendo esos circunloquios que decís, ni aun los quiero entender; y tengamos la fiesta en paz.
¿Hanme de comer de ojo? ¿Hanme de llevar por los aires? CAÑIZARES ¡Entre con cien mil Bercebuyes, pues vos lo queréis! CRISTINA Entre, señora vecina.