cañada

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cañada

1. s. f. GANADERÍA Camino para el ganado. quebrada, senda, vereda
2. GEOGRAFÍA Paso estrecho entre dos montes pequeños atravesó la cañada bajo un sol abrasador.
3. Argent., Par., Urug. GEOGRAFÍA Terreno bajo entre lomas, bañado de agua y con vegetación propia de tierras húmedas.

cañada

 
f. Vía para los ganados trashumantes, que debía tener 90 varas de ancho.
cañada real Cañada (vía).

cañada

(ka'ɲaða)
sustantivo femenino
1. geografía paso o valle entre dos montañas poco distantes entre sí una cañada estrecha
2. camino natural por el que transitan los rebaños una cañada de ovejas
3. geografía terreno bajo ubicado entre lomas, con agua y vegetación una cañada con bañados
Sinónimos

cañada

sustantivo femenino
colada, cordel.
La colada y el cordel son también vías de paso del ganado, pero más estrechas que la cañada.
Traducciones

cañada

ravine, dale, glen

cañada

Glen

cañada

Glen

cañada

Glen

cañada

Глен

cañada

Glen

cañada

Glen

cañada

غلين

cañada

Glen

cañada

Glen

cañada

Glen

cañada

גלן

cañada

Glen

cañada

SF
1. (= barranco) → gully, ravine; (= valle) → glen
2. (Agr) (= camino) → cattle track, drover's road
3. (LAm) (= arroyo) → stream; (= terreno) → low-lying wet place
Ejemplos ?
Todos lo ignoraban; sólo confiaban en el pajarillo que con su vuelo fascinante los dirigía; aquél colibrí que los guiaba a la izquierda del oriente, al sur: HUITZILOPOCHTLI, símbolo de la voluntad férrea que mucho logra con la persistencia. Y allí iban atravesando cañadas, llanos, ríos, desiertos y montañas.
El aduar se hallaba completamente solo en aquel momento. Todos sus habitantes habían salido ya con el ganado o con los aperos de labor a los vecinos montes y cañadas.
Bajo este cielo se mecen estas ceibas, esas palmas que me dieron sombra amiga allá en mi risueña infancia. Bajo este cielo he crecido en mis selvas y cañadas, y va en mi sangre, en mis venas, y clavando en mis entrañas.
La lluvia creaba una sociedad candorosa, sencilla y feliz. Desde los cerros comenzaban a bajar pequeñas corrientes. En las quebradas nacían cañadas. Al campo le nacía un sistema de venas.
¿Por qué tenemos que dormir con las botas puestas y el alma en un hilo cuidando esta bandera? ¿Por qué brincamos la selva, montaña, valles, cañadas, caminos reales y carreteras cargando y cuidando esta bandera?
Cuando todavía estaban a unas diez cuadras del puesto, oyeron el ruido de un carro que se alejaba ligero, chapaleando sus caballos entre los charcos de agua que todavía quedaban, restos de la última crecida, en las partes más bajas de las cañadas, y al cabo de un rato, vieron destacarse en una loma, ya alumbrada por los primeros rayos del sol naciente, la silueta de un hombre alto, parado en el carro, acompañando con el cuerpo las sacudidas del vehículo, como acompañan los marineros, afirmados en sus fuertes y flexibles piernas, el continuo vaivén del navío.
El arroyo, ancho de veinte metros, hondo de tres, corría con mucha fuerza, cubría sus barranquitas, llenando las lagunitas y las cañadas a lo largo de él, donde se veían juncos.
Pasado el arroyo, vuelven a extenderse por todas partes, lagunas y cañadas, charcos y pantanos, sin interrupción, hasta las chacras del pueblo; y ahí es peor, porque, con admirable previsión -la Pampa es tan pequeña- se ha mezquinado de tal modo el terreno para caminos, que el que no es un río angosto, estrechado entre dos zanjas y dos alambrados, es un fangal, en el cual nadie se atrevería a meterse.
Nuestro gaucho heroico no las recorre ya, cantando a media voz una canción de guerra o de amor, y buscando su incorporación al ejército de la patria, conductor del arca santa de nuestra alianza con la libertad y con la gloria; las inmensas yeguadas, y las tropillas de potros salvajes recorren sin jinetes nuestros campos, atronando la soledad con el choque de sus cascos; las manadas de perros cimarrones vagan hambrientas a lo largo de nuestras cañadas...
Cuatro leguas eran, de buena tierra, con buenas aguadas, cañadas fértiles y lomas que, aunque todavía de pastos muy duros, prometían un porvenir halagüeño.
¡Viva el emperador!» Así en infernales voces los invencibles, que hollaron, sembrando exterminio y muerte, la Europa del Neva al Tajo, las silenciosas cañadas y los fecundos collados de Bailén, al sol naciente, con gozo infernal turbaron, de clarines y tambores, de armas, cañones y carros, relinchos y roncos gritos tormenta horrenda formando, mas sin saber que una tumba era el espacioso campo, por donde tan orgullosos osaban tender el paso.
Como en la plena luz del mediodía semejan un incendio las cañadas, y a los oblicuos rayos de la tarde tranquilos mares de bruñida plata, sol de virtudes, astro que ama, tú, sobre todos mis dolores juntos, las ilusiones de tu luz levantas.